Las relaciones intergeneracionales son una condición necesaria para la pervivencia de la sociedad humana y cada grupo dispone la direccionalidad de las intersecciones e interferencias: modelos adultocéntricos, simétricos y otros. A partir de transacciones entre poblaciones jóvenes -niñas, niños, y adolescentes- y mayores, se dan flujos de saberes sobre la habitabilidad en el territorio y las relaciones que co-ocurren entre las personas, animales, plantas y otras entidades. Desarrollamos un proyecto nacional de investigación e incidencia en zonas rurales para indagar y entender cómo se crean y persisten las memorias bioculturales sobre el lugar donde se vive. Exponemos resultados de dos comunidades ejidales de Pijijiapan, Chiapas, México, cercanas a dos reservas de la biosfera, El Triunfo (montaña) y La Encrucijada (costa), en el proyecto “Participación comunitaria intergeneracional para el reconocimiento y resignificación de memorias bioculturales diversas sobre los usos de recursos naturales locales” (CONAHCYT- 2023-2024-No.322651). Niñas (39) y niños (27) con edades entre 3 y 13 años, entrevistaron a 55 adultas de entre 28 y 80 años de edad (abuelos/abuelas; padres/madres) sobre la comunidad donde viven: cómo era [Cuéntame cómo era la comunidad cuando tenías mi edad], cómo es [Cuéntame cómo es ahora] y cómo será [Cuéntame cómo te imaginas que será cuando yo tenga tu edad]. Cuando entrevistaron escribieron y dibujaron las respuestas. Las producciones muestran una visión del pasado precario para la habitabilidad humana (falta de servicios públicos), pero abundante en cantidad y diversidad de recursos naturales locales (peces, árboles, animales). En el presente coexisten recursos – disminuyéndose y agotándose-, y en el futuro, un panorama urbanizante utópico, con escasa presencia de recursos naturales y con afectación directa para la actividad laboral base -la pesca- en el caso de El Palmarcito; y afectación seria del paisaje y alejamiento de la biodiversidad, en el caso de Plan de Ayala.