Ponencia Seleccionada
El Hambre como Ciclo y Memoria en la Montaña. Del Mayantli al Ewé
En la región de la Montaña Alta del estado de Guerrero, el hambre trasciende la
noción de una carencia biológica individual para constituirse como una categoría
histórica y colectiva denominada Mayantli. Este concepto refiere a periodos de
escasez extrema —asociados habitualmente a crisis agrícolas, plagas o sequías—
que han marcado profundamente la memoria de los pueblos indígenas
montañeros. El Mayantli funciona como un "parteaguas" en la organización social,
operando como un marcador temporal en la historiografía oral, que obliga a las
comunidades a activar mecanismos de supervivencia que superan lo
estrictamente técnico. Es en este escenario donde la "gestión del hambre"
adquiere una dimensión política y social: se redistribuyen semillas, se activan
redes de parentesco y se refuerza la figura de la autoridad comunitaria para
administrar los recursos escasos. Esta respuesta organizada demuestra que el
hambre no es un estado de pobreza estático, sino una dinámica de resistencia y
cohesión frente a la crisis. Por otra parte el pueblo Me’phaa, donde el hambre es
nombrada y significada como Ewe o la Señora Hambruna. Si bien su traducción
literal remite a la necesidad alimentaria, su sentido ontológico dota al fenómeno de
una agencia y personalidad propia. Para la población tlapaneca, gestionar a la
Señora Hambruna no implica únicamente administrar la carestía material, sino
entablar un diálogo ritual con una entidad que posee voluntad y que "camina" por
el territorio.
noción de una carencia biológica individual para constituirse como una categoría
histórica y colectiva denominada Mayantli. Este concepto refiere a periodos de
escasez extrema —asociados habitualmente a crisis agrícolas, plagas o sequías—
que han marcado profundamente la memoria de los pueblos indígenas
montañeros. El Mayantli funciona como un "parteaguas" en la organización social,
operando como un marcador temporal en la historiografía oral, que obliga a las
comunidades a activar mecanismos de supervivencia que superan lo
estrictamente técnico. Es en este escenario donde la "gestión del hambre"
adquiere una dimensión política y social: se redistribuyen semillas, se activan
redes de parentesco y se refuerza la figura de la autoridad comunitaria para
administrar los recursos escasos. Esta respuesta organizada demuestra que el
hambre no es un estado de pobreza estático, sino una dinámica de resistencia y
cohesión frente a la crisis. Por otra parte el pueblo Me’phaa, donde el hambre es
nombrada y significada como Ewe o la Señora Hambruna. Si bien su traducción
literal remite a la necesidad alimentaria, su sentido ontológico dota al fenómeno de
una agencia y personalidad propia. Para la población tlapaneca, gestionar a la
Señora Hambruna no implica únicamente administrar la carestía material, sino
entablar un diálogo ritual con una entidad que posee voluntad y que "camina" por
el territorio.