Ponencia Seleccionada
Empatía de la Violencia: La percepción detrás de la intención del linchamiento
La presente ponencia expone una investigación en curso sobre las respuestas que las comunidades organizadas y no organizadas elaboran ante la inseguridad, con especial atención al fenómeno de los linchamientos en el estado de Puebla. Este trabajo se desprende de una trayectoria investigativa previa centrada en las autodefensas de Cherán K’eri, pero desplaza ahora la mirada hacia otra forma de violencia colectiva: aquella que emerge cuando miembros de una comunidad, atravesados por experiencias persistentes de criminalidad, desconfianza institucional y percepción de amenaza, validan o ejecutan actos de justicia punitiva.
Desde una perspectiva de ontología fenomenológica, el objetivo no es únicamente describir los linchamientos como episodios excepcionales de castigo, sino comprender las condiciones constitutivas que los vuelven posibles, desde la consideración del potencial de riesgo que representan el otro y el espacio. En esa dirección, se analiza cómo la inseguridad transforma el mundo de la vida cotidiana: el otro deja de aparecer primordialmente como coexistente pleno y comienza a ser percibido bajo la forma de “aquello que puede o no puede hacer daño”. Paralelamente, el espacio deja de vivirse como un entorno neutral y se reorganiza en “circuitos de utilidad”, es decir, en trayectos y lugares que pueden o no pueden ser habitados, transitados o apropiados sin riesgo. Así, la calle, la cancha, la escuela, el mercado o el transporte dejan de ser solamente lugares de uso y convivencia para convertirse en espacios evaluados según su potencialidad de peligro.
Metodológicamente, la investigación recurre a herramientas participativas de diálogo, especialmente la cartografía social, con el fin de reconstruir las percepciones locales de inseguridad y violencia. El trabajo de campo se ha desarrollado en colonias populares de la zona norte de la ciudad de Puebla —Amalucan, Bosques de San Sebastián y la colonia Magisterial México 68—, así como en las juntas auxiliares de Actipan de Morelos y San Sebastián Villanueva, en el municipio de Acatzingo de Hidalgo. A partir de estos registros, se muestra que el linchamiento no irrumpe como un exceso ajeno a la vida cotidiana, sino como condensación de una violencia latente que reordena prácticas, afectos, umbrales de tolerancia y formas de protección comunitaria.
La propuesta central de la ponencia es que este proceso puede pensarse como una empatía de la violencia: una forma histórica de comprensión de lo otro en el cohabitar del mismo mundo, pero mediada por dinámicas de amenaza, daño posible y capacidad de respuesta frente al daño. No se trata de la desaparición de la empatía, sino de su reconfiguración defensiva: el otro es comprendido a partir de su potencialidad de agresión, mientras que el sí mismo y la comunidad se piensan desde su potencialidad de defensa, castigo o neutralización.
En ese sentido, la ponencia busca aportar a la comprensión de las violencias colectivas contemporáneas no sólo como hechos delictivos o reacciones morales, sino como expresiones de una transformación más profunda en las formas de habitar, percibir y compartir el mundo.
Desde una perspectiva de ontología fenomenológica, el objetivo no es únicamente describir los linchamientos como episodios excepcionales de castigo, sino comprender las condiciones constitutivas que los vuelven posibles, desde la consideración del potencial de riesgo que representan el otro y el espacio. En esa dirección, se analiza cómo la inseguridad transforma el mundo de la vida cotidiana: el otro deja de aparecer primordialmente como coexistente pleno y comienza a ser percibido bajo la forma de “aquello que puede o no puede hacer daño”. Paralelamente, el espacio deja de vivirse como un entorno neutral y se reorganiza en “circuitos de utilidad”, es decir, en trayectos y lugares que pueden o no pueden ser habitados, transitados o apropiados sin riesgo. Así, la calle, la cancha, la escuela, el mercado o el transporte dejan de ser solamente lugares de uso y convivencia para convertirse en espacios evaluados según su potencialidad de peligro.
Metodológicamente, la investigación recurre a herramientas participativas de diálogo, especialmente la cartografía social, con el fin de reconstruir las percepciones locales de inseguridad y violencia. El trabajo de campo se ha desarrollado en colonias populares de la zona norte de la ciudad de Puebla —Amalucan, Bosques de San Sebastián y la colonia Magisterial México 68—, así como en las juntas auxiliares de Actipan de Morelos y San Sebastián Villanueva, en el municipio de Acatzingo de Hidalgo. A partir de estos registros, se muestra que el linchamiento no irrumpe como un exceso ajeno a la vida cotidiana, sino como condensación de una violencia latente que reordena prácticas, afectos, umbrales de tolerancia y formas de protección comunitaria.
La propuesta central de la ponencia es que este proceso puede pensarse como una empatía de la violencia: una forma histórica de comprensión de lo otro en el cohabitar del mismo mundo, pero mediada por dinámicas de amenaza, daño posible y capacidad de respuesta frente al daño. No se trata de la desaparición de la empatía, sino de su reconfiguración defensiva: el otro es comprendido a partir de su potencialidad de agresión, mientras que el sí mismo y la comunidad se piensan desde su potencialidad de defensa, castigo o neutralización.
En ese sentido, la ponencia busca aportar a la comprensión de las violencias colectivas contemporáneas no sólo como hechos delictivos o reacciones morales, sino como expresiones de una transformación más profunda en las formas de habitar, percibir y compartir el mundo.