Ponencia Seleccionada
El “estar bien” desde la Tarahumara: tensiones y oscilaciones dentro y fuera del Estado.
Esta ponencia examina las tensiones y oscilaciones entre las antropologías críticas del desarrollo y las prácticas indígenas de autonomía, a partir de experiencias etnográficas en comunidades rarámuri en la Sierra Tarahumara, México. A través de las nociones locales del “estar bien”, se analizan las formas de existencia relacional que articulan reciprocidad, cuidado del territorio y equilibrio con el entorno como diversidades ontológicas frente al Estado-nación y sus fuerzas de desarrollo.
Sin embargo, más que un rechazo permanente al Estado, estas prácticas se mueven en un movimiento pendular —a veces hacia dentro, para exigir derechos, acceder a recursos o negociar reconocimiento; y otras hacia fuera, para reafirmar la autonomía, la comunalidad y el control territorial. Este vaivén cuestiona las lecturas binarias de dominación y resistencia, mostrando que la buena vida puede implicar tanto usar el aparato estatal como escaparse de él.
En diálogo con Graeber (2004, 2013) y Clastres (1974), se argumenta que estas oscilaciones expresan una voluntad de no ser gobernados que no excluye la negociación. Desde Scott (2009), se lee la Sierra Tarahumara como una zona de evasión y rearticulación del poder, mientras que con Escobar (2018) y Santos (2014) se plantea que el “estar bien” representa una ontología relacional que desborda el dualismo entre Estado y comunidad.
La ponencia propone comprender imaginarios y experiencias de vivir bien como práctica pendular, un modo de existencia que combina autonomía, dignidad y flexibilidad estratégica frente al Estado y al desarrollo, abriendo así un horizonte de reflexión antropológica sobre las múltiples formas de vivir bien en contextos de violencia estructural y colonialidad persistente.
Sin embargo, más que un rechazo permanente al Estado, estas prácticas se mueven en un movimiento pendular —a veces hacia dentro, para exigir derechos, acceder a recursos o negociar reconocimiento; y otras hacia fuera, para reafirmar la autonomía, la comunalidad y el control territorial. Este vaivén cuestiona las lecturas binarias de dominación y resistencia, mostrando que la buena vida puede implicar tanto usar el aparato estatal como escaparse de él.
En diálogo con Graeber (2004, 2013) y Clastres (1974), se argumenta que estas oscilaciones expresan una voluntad de no ser gobernados que no excluye la negociación. Desde Scott (2009), se lee la Sierra Tarahumara como una zona de evasión y rearticulación del poder, mientras que con Escobar (2018) y Santos (2014) se plantea que el “estar bien” representa una ontología relacional que desborda el dualismo entre Estado y comunidad.
La ponencia propone comprender imaginarios y experiencias de vivir bien como práctica pendular, un modo de existencia que combina autonomía, dignidad y flexibilidad estratégica frente al Estado y al desarrollo, abriendo así un horizonte de reflexión antropológica sobre las múltiples formas de vivir bien en contextos de violencia estructural y colonialidad persistente.