Ponencia Seleccionada
Territorio, desplazamiento y símbolos en disputa: Experiencias locales ante la gentrificación verde en Zerezotla, San Pedro Cholula
La ponencia busca analizar la gentrificación verde en Zerezotla como un proceso de desplazamiento territorial, económico y simbólico, atendiendo a las experiencias cotidianas de quienes habitan el cerro y sus alrededores. La propuesta parte de entender que los desplazamientos materiales y simbólicos ocurren de manera simultánea; por eso, aproximaciones narrativas, etnográficas y antropológicas permiten observar cómo lo verde funciona como un dispositivo que legitima ciertas intervenciones urbanas. Estas transformaciones no solo cambian el entorno físico, sino también las prácticas, memorias y modos de habitar, afectando de forma diferenciada a los habitantes originarios según su clase social, su relación afectiva con el territorio y su forma de imaginar el paisaje. En Zerezotla, lo que está en juego no es únicamente el uso del cerro, sino el sentido mismo de sus paisajes. Durante el trabajo de campo, varias personas describieron este espacio como algo profundamente íntimo: “un lugar para ir a llorar”, “un espacio para pensar”, “donde jugábamos de niños”. Estas narraciones revelan que el cerro no es solo un recurso ambiental, sino un territorio cargado de memoria y afecto. Sin embargo, estas significaciones están siendo desplazadas por nuevas formas de nombrarlo y de usarlo, que lo presentan como parque recreativo o como destino para el turismo deportivo. Esta reconfiguración se inserta en lo que Harvey (2004) denomina “acumulación por desposesión”, donde lo común se reordena para habilitar usos económicos que privilegian ciertos intereses sobre otros. Así, el cerro pasa de ser un paisaje ritual y comunitario a convertirse en un paisaje de consumo. Defender el territorio, entonces, implica defender la legitimidad de distintas formas de vida y de arraigo. Supone cuestionar que el valor del territorio se mida solo en términos de plusvalía y reconocer que lo afectivo también es político, que lo cotidiano es un espacio de disputa y que lo comunitario sigue siendo un modo necesario y legítimo de hacer ciudad.