Ponencia Seleccionada

De vestigio a presencia: el cartel como cuerpo en disputa.

¿Qué es un cartel que aparece? ¿Es escritura o tendrá algo que ver con caligrafía? ¿Será, en todo caso, un resto entre papeles rotos y decolorados bajo el sol, apenas sostenido en una reja oxidada, pese a quienes transitan cerca? Sobre el fondo blanco sobresalen algunas palabras escritas a mano: “Gaby no está sola”. Parece un texto sencillo, pero condensa una historia terrible, de esas que, por desgracia, se repiten tanto en México. Ante tal encuentro, es difícil no pensar en Roland Barthes y su reacción frente a una pieza de Cy Twombly: “esta apariencia no coincide por completo con el lenguaje que tanta simplicidad y tanta inocencia deberían suscitar en los que estamos observándola” (1995, p. 161). También, resulta inevitable relacionar esta frase con aquella que Frida Kahlo escribiera en su diario personal un 7 de noviembre de 1947: “Diego estoy sola”. Mientras que la consigna en el cartel es pública e insiste en la memoria, la otra pertenece al ámbito íntimo, develada después por un sistema que ha convertido este objeto en deseo. Lo innegable es que ambas expresiones pueden inscribirse en lo que Renato Rosaldo (2000) reconocería como la fuerza cultural que pueden llegar a ejercer los afectos en la vida social y, sobre todo, llevan a preguntarse cómo un estado emocional llega a corporizarse en el mundo.

¿Qué es, entonces, un cartel que aparece? Tal vez, como ya vimos, podría pensarse una respuesta desde la concepción de Barthes según la cual “los objetos, sean de arte o no, podían ser tratados como textos” (Coquet, 2018, p. 47), o retomar a Alfred Gell y su planteamiento del “objeto de arte”, los cuales pueden “estar poderosamente investidos de significación […] por parte de quienes los conciben y quienes lo utilizan” (Coquet, 2018, p. 48). Quizá podríamos encontrar una respuesta al desplazar la interrogante hacia lo que Bárbara Kirshenblatt-Gimblett plantea como: “¿dónde empieza el objeto y donde acaba?” (Coquet, 2018, p. 35); acaso ¿inicia en el papel, en la mano que escribe, en el cuerpo que falta? Y si fuera así, podríamos determinar “¿por dónde empieza el cuerpo humano?” (Fédida, 2006). Tal vez, como sugiere Veena Das, esta manifestación toma “su significado del contexto (y ella misma puede generar contexto), [ya que] está llena de palabras no dichas, de gestos performativos y de todo un repertorio de ideas culturalmente densas que rodean las expresiones.” (Das, 2008, p. 228). Quizá, llegado este punto, el cartel podría dejar de ser solo un vestigio y devendría en presencia: una forma de “mostrar que una vida también es un conjunto de potencialidades que se reconocen y reescriben incluso después de la muerte” (Sánchez, 2026), en el intento persistente por asir lo inasible (Lévy-Bruhl, en Coquet, 2018, p. 58): que Gaby fue víctima de feminicidio.
Palabras Clave
Cartel, Memoria, Afecto, Presencia, Feminicidio

Ponentes

    JOSE LUIS ELENES MIRANDA