Ponencia Seleccionada
Cicatrices que duelen: la intervención biomédica del cuerpo infantil violentado
Esta ponencia expone los resultados de la etnografía realizada con agentes sociales que interactúan en el sistema de protección de niñez. Propongo analizar cómo la población infanto-juvenil albergada en espacios institucionales de protección se hace legible al momento de la separación parental y su ingreso al sistema. Con enfoque biomédico, agentes estatales interpelan los cuerpos de niñas y niños para registrar las marcas del sufrimiento y determinar su futuro a partir de la valoración de los peritajes físicos y psicológicos.
Los primeros indicios de la vulneración son golpes en el cuerpo, sangre, cicatrices y suciedad. Sus pequeños cuerpos portan las marcas del daño y son exhibidos públicamente como testigos de sucesos violentos y traumáticos. Los agentes estatales, a través del saber científico, les asignan una posición en las clasificaciones de víctimas. La gubernamentalidad los convierte en población para ser gobernada e intervenida.
En los programas de cuidado la intervención inicia por la estabilización corporal, los adultos deben velar por que estén hidratados, alimentados, descansados, aseados y abrigados. En los espacios institucionales el disciplinamiento corporal sucede paulatinamente, mediante rutinas de medicalización, higiene, aseo, educación, trabajo, recreación y religión. Este proceso inicia la transformación subjetiva y corporal, siendo la intervención médica la más visible, pues demuestra la reparación del daño sufrido.
En las narrativas de jóvenes en proceso de egresar del sistema las cicatrices son un mapa que sitúa las violencias en la apropiación su historia de vida. Generalmente, son censuradas, sobre todo cuando han sido etiquetadas con diagnóstico de discapacidad o psiquiátrico. Las cuidadoras señalan que las jóvenes tienden a distorsionar narrativas que presentan como experiencias de vida.
Los primeros indicios de la vulneración son golpes en el cuerpo, sangre, cicatrices y suciedad. Sus pequeños cuerpos portan las marcas del daño y son exhibidos públicamente como testigos de sucesos violentos y traumáticos. Los agentes estatales, a través del saber científico, les asignan una posición en las clasificaciones de víctimas. La gubernamentalidad los convierte en población para ser gobernada e intervenida.
En los programas de cuidado la intervención inicia por la estabilización corporal, los adultos deben velar por que estén hidratados, alimentados, descansados, aseados y abrigados. En los espacios institucionales el disciplinamiento corporal sucede paulatinamente, mediante rutinas de medicalización, higiene, aseo, educación, trabajo, recreación y religión. Este proceso inicia la transformación subjetiva y corporal, siendo la intervención médica la más visible, pues demuestra la reparación del daño sufrido.
En las narrativas de jóvenes en proceso de egresar del sistema las cicatrices son un mapa que sitúa las violencias en la apropiación su historia de vida. Generalmente, son censuradas, sobre todo cuando han sido etiquetadas con diagnóstico de discapacidad o psiquiátrico. Las cuidadoras señalan que las jóvenes tienden a distorsionar narrativas que presentan como experiencias de vida.