Ponencia Seleccionada
La huerta como espacio de soberanía y saber tradicional en el Suroeste antioqueño, Colombia.
Esta ponencia presenta los avances de la investigación "Uso de plantas medicinales en la cuenca del río San Juan, Antioquia", que tiene como propósito rescatar los saberes asociados a estos tipos de plantas, en los municipios de Hispania y Andes. Desde una perspectiva etnográfica, el estudio explora cómo las comunidades campesinas se relacionan con su entorno, transformando el espacio doméstico en un reservorio de biodiversidad y prácticas culturales.
Los resultados revelan que la huerta o jardín casero es el principal escenario de producción y conservación. Estas comunidades han domesticado especies medicinales que conviven con plantas alimenticias, donde se identifica la huerta como un espacio de coexistencia. En otras palabras, más que presentarse una frontera entre plantas alimenticias y medicinales, la huerta se constituye en un espacio de convivencia ecológica bajo un mismo régimen de cuidado, que permite la gestión y conservación de estos recursos y la posibilidad material para la transmisión de los saberes populares.
En este escenario, se resalta el papel de las mujeres como guardianas y principales agentes de mantenimiento y conservación; es a través de su labor diaria, trabajo de la tierra e interés que permanece el uso de las plantas medicinales, que se sostiene la huerta y que continúa la transmisión de saberes populares. Gracias a ellas se asegura la disponibilidad de remedios naturales, hechos en casa, como fuente directa de bienestar y nutrición. La huerta se configura así como un espacio doméstico de resistencia cultural y de construcción de identidad.
La transmisión del conocimiento es empírica y experiencial, activada por el interés mismo en conocer el uso de las plantas medicinales, así como por la necesidad ante enfermedades y por la prevención de las mismas; el saber se hereda principalmente entre hijas, madres, abuelas y suegras, y no es una enseñanza teórica que responda a un método educativo formal, sino que se realiza en la cotidianidad. No obstante, en la investigación se ha identificado que los hombres poseen un saber latente que a veces se invisibiliza por su rol en cultivos comerciales, pero que emerge en el diálogo familiar.
Estos espacios, saberes y prácticas enfrentan algunos riesgos. El crecimiento de monocultivos comerciales de café, plátano y aguacate ha intensificado la competencia por el uso del suelo y ha fomentado el uso de agroquímicos (matamalezas), los cuales están acabando con la diversidad de plantas medicinales que antes abundaban en los entornos rurales. La influencia de la medicina occidental desplaza el interés de las nuevas generaciones. Asimismo, los cambios en las dinámicas laborales obligan a las personas a pasar menos tiempo en casa, descuidando el mantenimiento minucioso que estas huertas requieren y el interés por la conservación y el uso de las plantas medicinales. La investigación concluye que proteger la huerta es fundamental no solo para la salud básica, sino para garantizar la continuidad de la identidad campesina y su relación histórica con el territorio.
Los resultados revelan que la huerta o jardín casero es el principal escenario de producción y conservación. Estas comunidades han domesticado especies medicinales que conviven con plantas alimenticias, donde se identifica la huerta como un espacio de coexistencia. En otras palabras, más que presentarse una frontera entre plantas alimenticias y medicinales, la huerta se constituye en un espacio de convivencia ecológica bajo un mismo régimen de cuidado, que permite la gestión y conservación de estos recursos y la posibilidad material para la transmisión de los saberes populares.
En este escenario, se resalta el papel de las mujeres como guardianas y principales agentes de mantenimiento y conservación; es a través de su labor diaria, trabajo de la tierra e interés que permanece el uso de las plantas medicinales, que se sostiene la huerta y que continúa la transmisión de saberes populares. Gracias a ellas se asegura la disponibilidad de remedios naturales, hechos en casa, como fuente directa de bienestar y nutrición. La huerta se configura así como un espacio doméstico de resistencia cultural y de construcción de identidad.
La transmisión del conocimiento es empírica y experiencial, activada por el interés mismo en conocer el uso de las plantas medicinales, así como por la necesidad ante enfermedades y por la prevención de las mismas; el saber se hereda principalmente entre hijas, madres, abuelas y suegras, y no es una enseñanza teórica que responda a un método educativo formal, sino que se realiza en la cotidianidad. No obstante, en la investigación se ha identificado que los hombres poseen un saber latente que a veces se invisibiliza por su rol en cultivos comerciales, pero que emerge en el diálogo familiar.
Estos espacios, saberes y prácticas enfrentan algunos riesgos. El crecimiento de monocultivos comerciales de café, plátano y aguacate ha intensificado la competencia por el uso del suelo y ha fomentado el uso de agroquímicos (matamalezas), los cuales están acabando con la diversidad de plantas medicinales que antes abundaban en los entornos rurales. La influencia de la medicina occidental desplaza el interés de las nuevas generaciones. Asimismo, los cambios en las dinámicas laborales obligan a las personas a pasar menos tiempo en casa, descuidando el mantenimiento minucioso que estas huertas requieren y el interés por la conservación y el uso de las plantas medicinales. La investigación concluye que proteger la huerta es fundamental no solo para la salud básica, sino para garantizar la continuidad de la identidad campesina y su relación histórica con el territorio.