Ponencia Seleccionada

Los silencios y la comunidad Sorda. Entre regímenes de imposición oyente y elecciones endógenas político-culturales

El objetivo de esta ponencia es analizar el horizonte sensorial, social, cultural y político de los silencios en torno a la comunidad Sorda. La presentación se basa en una etnografía realizada con la comunidad Sorda en la Ciudad de México. Se propone una lectura sobre cómo determinados silencios son impuestos desde la sociedad oyente y sus instituciones, mientras que otros provienen de la comunidad como una apuesta frente a lo que denomino “razón oyente” (Tolentino, 2024); los silencios registrados no son datos naturales y neutrales, sino que son producidos socialmente en los intersticios de las culturas oyente y Sorda.
Como punto de partida, se define razón oyente. Enseguida se examina la configuración de representaciones sociales del ser sordo asociadas con el habitar una “cárcel” de silencio y vivir en tragedia, tal como Oliver (1990) señala que se concibe a la discapacidad.
Después, se analiza el mandato médico-institucional de la logopedia, en tanto que técnica cuyo propósito es corregir la palabra. En este proceso se desechan no solo las señas, sino también los ruidos orales y balbuceos, a la vez que promueve “guardar silencio”. La imposición de este silencio se extiende a otras prácticas cotidianas como el arrastrar los pies o hacer ruido con la boca al comer, las cuales son vistas como disrupciones del orden auditivo y sonoro.
Posteriormente, se presenta una dimensión más íntima y personal: la duda sobre su voz. Escucharla permite la capacidad de autorregulación, lo que a su vez brinda seguridad. Cuando esto no sucede, es común hablar en volumen y tonos distintos, no siempre apropiados para cada contexto. De ahí que se decida “guardar silencio” y comunicarse exclusivamente en lengua de señas. La duda sobre “¿cómo se oirá mi voz?” pareciera vanidad, pero pone de manifiesto la dependencia estructural del mundo oyente no sólo para obtener información sobre la propia cualidad vocal, sino también para ser validados como sujetos hablantes.
Enseguida, se expone cómo la anulación de la voz sonora y su sustitución por las señas en silencio es una elección, especialmente en contextos públicos donde es preciso hacer notar el poder comunicativo de las señas.
En penúltimo lugar se aborda la dimensión espacial del silencio. Lo audible y lo sonoro constituyen propiedades de la cultura oyente que se imponen vigorosamente en el tiempo y en el espacio. Frente a este dominio casi absoluto: ¿cuáles son los lugares de la cultura Sorda?, ¿cuáles son sus cualidades?; ¿cómo se configura el silencio?
Por último, una reflexión metodológica y epistemológica. La observación participante y “la escucha participante” registran acciones y la comunicación oral, respectivamente; realizar trabajo de campo con la comunidad Sorda y pasar largos momentos de silencio implica poner toda la atención en lo visual, tanto en las prácticas como en la comunicación. Entonces, puede hablarse de una observación participativa de la comunicación; ¿cuáles son las implicaciones de esta posición para quien investiga y para la investigación?
En resumen, que el silencio aparezca bajo todas estas manifestaciones refleja que es producido, regulado, impuesto, disputado e interpretado.
Palabras Clave
Comunidad Sorda, cultura Sorda, silencios, razón oyente, cultura oyente.

Ponentes

    Gabriel Tolentino