Ponencia Seleccionada
Etnografía en tiempos de encierro: juventudes indígenas universitarias durante la pandemia
La irrupción de la pandemia por COVID-19 obligó a replantear las formas de hacer trabajo de campo en antropología, especialmente cuando la inmersión presencial se volvió imposible. La presente ponencia comparte una experiencia de investigación colaborativa con jóvenes indígenas universitarios de Puebla y Veracruz, centrada en comprender cómo sobrellevaron la educación superior en un contexto marcado por confinamiento, virtualización forzada y brechas tecnológicas. Estos resultados forman parte del Proyecto Sendas y trayectorias indígenas en la educación superior mexicana, cuyo objetivo es analizar el papel que desempeña la educación superior para los pueblos originarios.
La metodología desarrollada se articuló en torno a entrevistas semiestructuradas y diálogos intersaberes, entendidos como prácticas antropológicas que no solo recogen testimonios, sino que generan espacios de interpretación compartida y coanálisis: Durante el confinamiento, las entrevistas se realizaron de manera remota —por Google Meet, Zoom y llamadas telefónicas—, enfrentando las dificultades derivadas del regreso de muchos estudiantes a territorios rurales con conectividad limitada. En este escenario, las largas conversaciones, a veces extendidas por más de una jornada, se convirtieron en un recurso de acompañamiento y desahogo frente al aislamiento. Posteriormente, cuando las universidades comenzaron a transitar hacia la presencialidad híbrida, se organizaron talleres con medidas sanitarias y uso de cubrebocas, lo que permitió recuperar la dimensión colectiva del trabajo etnográfico. Estos espacios revelaron tanto las tensiones que las y los jóvenes enfrentaron —desigualdades digitales, exigencias institucionales, presiones familiares— como las estrategias de resistencia y agencia que desplegaron para sostener su participación universitaria.
La experiencia muestra que las metodologías antropológicas, al adaptarse a lo digital y a lo híbrido, pueden seguir siendo colaborativas y reflexivas, incluso en condiciones adversas. Al mismo tiempo, evidencia la necesidad de reconocer las emociones, los silencios y las ganas de hablar de las y los interlocutores como parte constitutiva del trabajo de campo. En este sentido, se propone que las innovaciones surgidas en pandemia no sean vistas solo como soluciones de emergencia, sino como aprendizajes que enriquecen la práctica etnográfica en cualquier contexto.
La metodología desarrollada se articuló en torno a entrevistas semiestructuradas y diálogos intersaberes, entendidos como prácticas antropológicas que no solo recogen testimonios, sino que generan espacios de interpretación compartida y coanálisis: Durante el confinamiento, las entrevistas se realizaron de manera remota —por Google Meet, Zoom y llamadas telefónicas—, enfrentando las dificultades derivadas del regreso de muchos estudiantes a territorios rurales con conectividad limitada. En este escenario, las largas conversaciones, a veces extendidas por más de una jornada, se convirtieron en un recurso de acompañamiento y desahogo frente al aislamiento. Posteriormente, cuando las universidades comenzaron a transitar hacia la presencialidad híbrida, se organizaron talleres con medidas sanitarias y uso de cubrebocas, lo que permitió recuperar la dimensión colectiva del trabajo etnográfico. Estos espacios revelaron tanto las tensiones que las y los jóvenes enfrentaron —desigualdades digitales, exigencias institucionales, presiones familiares— como las estrategias de resistencia y agencia que desplegaron para sostener su participación universitaria.
La experiencia muestra que las metodologías antropológicas, al adaptarse a lo digital y a lo híbrido, pueden seguir siendo colaborativas y reflexivas, incluso en condiciones adversas. Al mismo tiempo, evidencia la necesidad de reconocer las emociones, los silencios y las ganas de hablar de las y los interlocutores como parte constitutiva del trabajo de campo. En este sentido, se propone que las innovaciones surgidas en pandemia no sean vistas solo como soluciones de emergencia, sino como aprendizajes que enriquecen la práctica etnográfica en cualquier contexto.