Ponencia Seleccionada
El rap como estrategia de promoción de la salud y vinculación antropológica, mi experiencia como antropologa en formación
Más allá de su dimensión artística, el rap se entiende aquí como un dispositivo pedagógico situado que permite la producción de narrativas propias, la expresión de experiencias de desplazamiento y la construcción de formas colectivas de cuidado.
Desde mi experiencia como promotora de salud, el uso del rap ha facilitado la generación de vínculos horizontales con población migrante, actualmente con personas de origen venezolano, quienes comparten gusto por el género. En este sentido, el rap no se introduce como una herramienta externa, sino como una práctica cultural preexistente en la que es posible insertarse para construir rapport, confianza y apertura emocional.
Asimismo, el rap permite visibilizar las condiciones estructurales que atraviesan la experiencia migrante, tales como la precariedad laboral, la discriminación y las dificultades en el acceso a servicios de salud. Las letras producidas en estos espacios funcionan como una forma de diagnóstico social situado, en donde el cuerpo migrante se convierte en territorio de enunciación. En este proceso, la dimensión sensorial y afectiva cobra relevancia, ya que el ritmo, la voz y la interacción colectiva configuran atmósferas que posibilitan la emergencia de relatos que difícilmente aparecerían en otros formatos más institucionales.
En este marco, se propone entender el rap no solo como una herramienta expresiva, sino como una tecnología de cuidado colectivo y de justicia social, que contribuye a la construcción de comunidad y al fortalecimiento de la agencia de las personas migrantes. Así, el rap se posiciona como un puente entre la intervención en salud y las prácticas culturales, permitiendo repensar las estrategias tradicionales desde enfoques más sensibles, participativos y culturalmente situados.
Desde mi experiencia como promotora de salud, el uso del rap ha facilitado la generación de vínculos horizontales con población migrante, actualmente con personas de origen venezolano, quienes comparten gusto por el género. En este sentido, el rap no se introduce como una herramienta externa, sino como una práctica cultural preexistente en la que es posible insertarse para construir rapport, confianza y apertura emocional.
Asimismo, el rap permite visibilizar las condiciones estructurales que atraviesan la experiencia migrante, tales como la precariedad laboral, la discriminación y las dificultades en el acceso a servicios de salud. Las letras producidas en estos espacios funcionan como una forma de diagnóstico social situado, en donde el cuerpo migrante se convierte en territorio de enunciación. En este proceso, la dimensión sensorial y afectiva cobra relevancia, ya que el ritmo, la voz y la interacción colectiva configuran atmósferas que posibilitan la emergencia de relatos que difícilmente aparecerían en otros formatos más institucionales.
En este marco, se propone entender el rap no solo como una herramienta expresiva, sino como una tecnología de cuidado colectivo y de justicia social, que contribuye a la construcción de comunidad y al fortalecimiento de la agencia de las personas migrantes. Así, el rap se posiciona como un puente entre la intervención en salud y las prácticas culturales, permitiendo repensar las estrategias tradicionales desde enfoques más sensibles, participativos y culturalmente situados.