Ponencia Seleccionada
De la hidrarquía a la defensa del territorio sagrado: Nodos de soberanía wixarika en el estado de Zacatecas
¿Es pertinente hablar de soberanías indígenas en un estado que sigue sin reconocer a los pueblos originarios dentro de su territorio? El pueblo wixárika ha nacido de una historia turbulenta en la que Zacatecas ha jugado un rol protagónico y, quizá, hasta prometeico. La guerra y la ambición por su riqueza mineral provocaron una destrucción de culturas sin paralelo; sin embargo, este choque tectónico tuvo también un potencial creativo entre pueblos que, a ojos de los españoles y sus aliados, carecían totalmente de vida política. Los desplazamientos forzados empujaron a un crisol de culturas indígenas —algunas con añejas enemistades y donde incluso convergían fugitivos africanos y españoles— hacia un tipo de organización espontánea y sui generis. Durante el proceso de conquista, la Sierra Madre Occidental se convirtió en aquello que el antropólogo David Graeber (2021) denominó «espacios de improvisación democrática»: ejercicios políticos de talante horizontal y rizomático que configuraban liderazgos que algunos autores han gustado llamar hidrarquías (Linebaugh y Rediker, 2000). Este territorio es, precisamente, el hogar del pueblo wixárika.
Hoy en día, una creciente población wixárika en Zacatecas, heredera de este pensamiento político, demanda cada vez más espacios de representación, salud, educación, condiciones dignas de empleo, etc. en un estado que conveniente y despectivamente sigue catalogandolos como «indígenas migrantes»; es decir, como una población sin territorio, en otras palabras, sin comunidad. Es a partir de la defensa de los sitios ceremoniales de Zacatecas donde los wixaritari han encontrado el espacio idóneo para converguer y desde donde enunciar sus demandas. Pero, más allá de la protesta, en estos espacios del ritual el pueblo wixarika, ante la presencia insoslayable de sus dioses, llega a acuerdos, se debate, se desechan propuestas y se toman decisiones. Se transforman en verdaderos «vórtices soberanos» (Escolar, 2012) o nodos que dan cabida a las más creativas reconfiguraciones sociales. De esta lucha contemporanea que se enmarca en una praxis política histórica trata esta presentación.
Hoy en día, una creciente población wixárika en Zacatecas, heredera de este pensamiento político, demanda cada vez más espacios de representación, salud, educación, condiciones dignas de empleo, etc. en un estado que conveniente y despectivamente sigue catalogandolos como «indígenas migrantes»; es decir, como una población sin territorio, en otras palabras, sin comunidad. Es a partir de la defensa de los sitios ceremoniales de Zacatecas donde los wixaritari han encontrado el espacio idóneo para converguer y desde donde enunciar sus demandas. Pero, más allá de la protesta, en estos espacios del ritual el pueblo wixarika, ante la presencia insoslayable de sus dioses, llega a acuerdos, se debate, se desechan propuestas y se toman decisiones. Se transforman en verdaderos «vórtices soberanos» (Escolar, 2012) o nodos que dan cabida a las más creativas reconfiguraciones sociales. De esta lucha contemporanea que se enmarca en una praxis política histórica trata esta presentación.