Ponencia Seleccionada
La Noche que nos enseñó a ver la ciudad
La ponencia presenta una visión crítica y narrativa de la ciudad sostenible a partir de una propuesta titulada “Cali Respirante: La noche que nos enseñó a ver la ciudad”, donde la Noche actúa como sujeto narrativo y dispositivo epistemológico. Más que un recurso estético, la nocturnidad se plantea como un método para cuestionar la mirada diurna dominante —asociada al control, la productividad y la tecnocracia— y abrir paso a una comprensión sensible, relacional y comunitaria del territorio urbano.
El argumento central sostiene que la sostenibilidad no puede reducirse a indicadores técnicos o modelos de optimización, sino que debe entenderse como una experiencia vivida que articula dimensiones ambientales, territoriales, sociales, económicas y políticas. En este sentido, la ciudad deja de concebirse como una máquina extractiva para pensarse como un organismo regenerativo que coexiste con los ciclos naturales y las memorias colectivas.
En el plano ambiental, se propone una reconfiguración hídrica de la ciudad: separación de aguas desde el origen, sistemas descentralizados de tratamiento, canales navegables y reutilización del agua en agricultura urbana. El agua, invisibilizada en la ciudad moderna, se convierte en eje estructurante del espacio urbano y en elemento pedagógico que visibiliza los ciclos ecológicos.
En términos territoriales, la planificación abandona la lógica funcionalista para adoptar un enfoque ecosistémico. La ciudad se organiza mediante corredores verdes, cinturones de biodiversidad y sistemas de movilidad limpia, priorizando al peatón, la bicicleta y el tranvía. El territorio ya no se mide en términos de eficiencia del suelo, sino en su capacidad de sostener la vida.
La dimensión social enfatiza la recuperación de la memoria y los saberes locales como tecnologías territoriales. Espacios como mercados campesinos nocturnos, museos abiertos y calles resignificadas promueven la inclusión y la apropiación del espacio público, cuestionando las desigualdades en el acceso a la ciudad, especialmente en horarios nocturnos.
En el ámbito económico, se plantea una transición hacia una economía circular basada en la reutilización, reparación y transformación de residuos. La “Ciudad Chatarra” y la “Fábrica del Renacer” simbolizan un modelo productivo que articula tecnología y trabajo comunitario, desafiando la lógica del crecimiento infinito.
Finalmente, la sostenibilidad política se expresa en formas de gobernanza horizontal y deliberativa. La noche se configura como espacio de democratización, donde emergen nuevas formas de participación y որտեղ la toma de decisiones se vincula con la experiencia cotidiana de los habitantes.
La ponencia concluye con una postura crítica frente a los enfoques hegemónicos de sostenibilidad, señalando que toda transformación urbana implica enfrentar desigualdades históricas y lógicas de exclusión. En consecuencia, propone una sostenibilidad sensible que no sustituye lo humano por lo tecnológico, sino que lo amplifica, reconociendo que el verdadero cambio urbano es, ante todo, cultural y político.
El argumento central sostiene que la sostenibilidad no puede reducirse a indicadores técnicos o modelos de optimización, sino que debe entenderse como una experiencia vivida que articula dimensiones ambientales, territoriales, sociales, económicas y políticas. En este sentido, la ciudad deja de concebirse como una máquina extractiva para pensarse como un organismo regenerativo que coexiste con los ciclos naturales y las memorias colectivas.
En el plano ambiental, se propone una reconfiguración hídrica de la ciudad: separación de aguas desde el origen, sistemas descentralizados de tratamiento, canales navegables y reutilización del agua en agricultura urbana. El agua, invisibilizada en la ciudad moderna, se convierte en eje estructurante del espacio urbano y en elemento pedagógico que visibiliza los ciclos ecológicos.
En términos territoriales, la planificación abandona la lógica funcionalista para adoptar un enfoque ecosistémico. La ciudad se organiza mediante corredores verdes, cinturones de biodiversidad y sistemas de movilidad limpia, priorizando al peatón, la bicicleta y el tranvía. El territorio ya no se mide en términos de eficiencia del suelo, sino en su capacidad de sostener la vida.
La dimensión social enfatiza la recuperación de la memoria y los saberes locales como tecnologías territoriales. Espacios como mercados campesinos nocturnos, museos abiertos y calles resignificadas promueven la inclusión y la apropiación del espacio público, cuestionando las desigualdades en el acceso a la ciudad, especialmente en horarios nocturnos.
En el ámbito económico, se plantea una transición hacia una economía circular basada en la reutilización, reparación y transformación de residuos. La “Ciudad Chatarra” y la “Fábrica del Renacer” simbolizan un modelo productivo que articula tecnología y trabajo comunitario, desafiando la lógica del crecimiento infinito.
Finalmente, la sostenibilidad política se expresa en formas de gobernanza horizontal y deliberativa. La noche se configura como espacio de democratización, donde emergen nuevas formas de participación y որտեղ la toma de decisiones se vincula con la experiencia cotidiana de los habitantes.
La ponencia concluye con una postura crítica frente a los enfoques hegemónicos de sostenibilidad, señalando que toda transformación urbana implica enfrentar desigualdades históricas y lógicas de exclusión. En consecuencia, propone una sostenibilidad sensible que no sustituye lo humano por lo tecnológico, sino que lo amplifica, reconociendo que el verdadero cambio urbano es, ante todo, cultural y político.