Ponencia Seleccionada
Entornos de conflictividad: marcos para entender las violencias locales
Al pensar en linchamientos y otras violencias colectivas que pueden estar enmarcadas en la noción de vigilantismo (Moncada, 2017), la reflexión sobre el lugar suele estar soslayada en términos de cómo se configuran interacciones locales que conforman entornos de conflicto que, a su vez, dan sentido y generan ciertas disposiciones para que estas violencias ocurran.
Sostengo que hay una cuestión frágil al abordar las comprensiones en torno al linchamiento y las violencias colectivas, particularmente cuando se piensan desde entornos periféricos, pues en ellos recae un imaginario que reproduce la idea de una especie de modernidad parcial y de cierta naturaleza violenta (Moctezuma, 2019). Incluso en perspectivas académicas se tiende a reproducir una idea de esferas diferenciadas que, por un lado, juegan del lado plenamente estatalizado y, por otro, que se le escapan por medio de zonas grises o negociaciones paralegales.
A partir de la investigación que realicé en una junta auxiliar de la ciudad de Puebla, planteo que, para pensar estas violencias, es necesario abordar la reflexión de los lugares en términos de las estatalidades que se configuran en las interacciones locales con actores e instituciones públicas (Nuijten, 2003). No son marginales o grises, sino prácticas políticas que sostienen y reproducen la idea y la posibilidad del Estado (Taussig, 1995; Das y Poole, 2004; Gupta, 2015).
Lo que busco es problematizar cómo se mantiene ese imaginario que escinde lugar del Estado frente a lugares no estatalizados para, después, problematizar cómo es que se configuran estatalidades locales a partir de situaciones políticas del lugar. Finalmente, exploro la descripción de entornos de conflictividad como horizontes de comprensión de las violencias, en lugar de las violencias per se.
Sostengo que hay una cuestión frágil al abordar las comprensiones en torno al linchamiento y las violencias colectivas, particularmente cuando se piensan desde entornos periféricos, pues en ellos recae un imaginario que reproduce la idea de una especie de modernidad parcial y de cierta naturaleza violenta (Moctezuma, 2019). Incluso en perspectivas académicas se tiende a reproducir una idea de esferas diferenciadas que, por un lado, juegan del lado plenamente estatalizado y, por otro, que se le escapan por medio de zonas grises o negociaciones paralegales.
A partir de la investigación que realicé en una junta auxiliar de la ciudad de Puebla, planteo que, para pensar estas violencias, es necesario abordar la reflexión de los lugares en términos de las estatalidades que se configuran en las interacciones locales con actores e instituciones públicas (Nuijten, 2003). No son marginales o grises, sino prácticas políticas que sostienen y reproducen la idea y la posibilidad del Estado (Taussig, 1995; Das y Poole, 2004; Gupta, 2015).
Lo que busco es problematizar cómo se mantiene ese imaginario que escinde lugar del Estado frente a lugares no estatalizados para, después, problematizar cómo es que se configuran estatalidades locales a partir de situaciones políticas del lugar. Finalmente, exploro la descripción de entornos de conflictividad como horizontes de comprensión de las violencias, en lugar de las violencias per se.