Ponencia Seleccionada
Talleres como herramienta metodológica y productoras de resonancia colectiva
Los talleres son una herramienta metodológica utilizada en antropología desde hace algunas décadas. La realización de talleres estimula procesos de investigación colaborativa. Es un espacio donde las voces de las personas que participan son escuchadas, compartidas e integradas; los talleres, más que producir datos nos brinda formas de pensar colectivamente, pues reconocen la horizontalidad y la escucha mutua. Son otra forma de poner en evidencia afectos, sensaciones, tensiones, dudas y reflexiones a partir de la creación colectiva.
En este sentido, no sólo registran, sino que las generan prácticas que, al analizarlas con cuidado, nos permiten observar cómo es que las colectividades se congregan. Por lo tanto, Las y los participantes no son sólo “informantes”; son co-productoras de sentido.
En esta oportunidad, me gustaría mostrar cómo el taller de collage fue un eje importantísimo para investigar sobre “los deseos en tensión”, es decir en la exploración de emociones y afectividades que atraviesan la experiencia de quienes habitan y sostienen espacios culturales independientes dedicados a la música. El collage abrió un espacio intermedio, sensible y seguro donde la creación colectiva se volvió también una forma de análisis. Más que un ejercicio plástico, fue un gesto interpretativo y comunitario que permitió observar cómo la música reorganiza los afectos y habilita modos alternativos de estar juntas.
Este tipo de análisis permite que ampliemos la mirada de los acontecimientos sociales y culturales, pues al crear esta polifonía de imágenes encontramos experiencias comunes que integran y que repelen. Le brinda a la antropología y a la investigación social una multivocidad que complejiza la interpretación, al incorporar la dimensión afectiva y visual como parte constitutiva del dato. Con ello, el collage se posiciona como una herramienta metodológica capaz de visibilizar emociones, memorias y significados que no siempre se expresan de manera verbal.
En este sentido, no sólo registran, sino que las generan prácticas que, al analizarlas con cuidado, nos permiten observar cómo es que las colectividades se congregan. Por lo tanto, Las y los participantes no son sólo “informantes”; son co-productoras de sentido.
En esta oportunidad, me gustaría mostrar cómo el taller de collage fue un eje importantísimo para investigar sobre “los deseos en tensión”, es decir en la exploración de emociones y afectividades que atraviesan la experiencia de quienes habitan y sostienen espacios culturales independientes dedicados a la música. El collage abrió un espacio intermedio, sensible y seguro donde la creación colectiva se volvió también una forma de análisis. Más que un ejercicio plástico, fue un gesto interpretativo y comunitario que permitió observar cómo la música reorganiza los afectos y habilita modos alternativos de estar juntas.
Este tipo de análisis permite que ampliemos la mirada de los acontecimientos sociales y culturales, pues al crear esta polifonía de imágenes encontramos experiencias comunes que integran y que repelen. Le brinda a la antropología y a la investigación social una multivocidad que complejiza la interpretación, al incorporar la dimensión afectiva y visual como parte constitutiva del dato. Con ello, el collage se posiciona como una herramienta metodológica capaz de visibilizar emociones, memorias y significados que no siempre se expresan de manera verbal.