Ponencia Seleccionada
La actualidad de la antropología urbana: problemas y posibilidades
La antropología urbana, como subdisciplina, mantiene una trayectoria vigorosa y se destaca por sus aportes a la comprensión de los problemas contemporáneos, es decir, para interpretar lo que ocurre en nuestras localidades, regiones, países y a nivel global, y, retrocediendo en términos escalares, en nuestros cuerpos (piensen en los cuerpos de la moda, de la anorexia, desconocidos en medios rurales), comunidades, a las que la metrópoli dispersó y/o disolvió.
Su importancia refiere también al entendimiento de procesos socioculturales aparentemente desligados como las problemáticas de las comunidades indígenas, las que no podrían entenderse hoy sin sus referentes urbanos no sólo en el continuum folk-urbano detectado hace poco menos de un siglo por Robert Redfield ‒hoy acentuado por lo que se denomina lo rururbano, la globalización y la gentrificación rural‒, sino también por la migración, la educación, los medios de comunicación masiva, los medios digitales, el crimen organizado (conector escalar entre las localidades y las grandes metrópolis de México, los Estados Unidos, Europa y Asia), retornos de los migrantes a sus comunidades en tiempos festivos, remesas, ‒especialmente desde los Estados Unidos‒.
Por otro lado, la Antropología urbana ayuda decisivamente a emplazar (contextual y escalarmente) los nuevos problemas de la antropología, porque la urbe al constituirse en una poderosa maquinaria de transformación ontológica, pero más aún las metrópolis, donde las relaciones sociales están marcadas por el anonimato, relaciones asociativas electivas, donde se segmentan los roles, donde predominan las relaciones categoriales (Mitchel) o de evitamiento (Goffman) o de reserva y está marcada por el “espíritu blasé”, hastiado, sin energía (Simmel), repito, esos procesos tan estructurantes, se pueden comprender mediante la historia de las ciudades y sus problemas ‒una de cuyas características es la multiculturalidad y densidad poblacional (Wirth)‒, cuyo impacto no es sólo hacia su interior, sino a sus diversas áreas de influencia, que exceden a sus propias fronteras citadinas, las fronteras nacionales, pues las llamadas “ciudades mundiales” (Hannerz, Sassen, Massey, Castells, García Canclini, Soja) y los procesos de glocalización reformulan las relaciones microsociales y el estudio de los contextos.
La división social del trabajo (en el sentido de Marx), históricamente, excede a la fábrica y es el espacio urbano el que posibilita su despliegue y gran transformación, por ejemplo, en lo que refiere al género, contexto que posibilita los feminicidios que se visibilizan tempranamente en Ciudad Juárez (México), sus maquilas y la pobreza, que es mayoritariamente femenina. El estudio de las grandes urbes también ayuda a comprender la violencia vicaria, la necropolítica con respecto a los jóvenes, el bullying, etc.
Su importancia refiere también al entendimiento de procesos socioculturales aparentemente desligados como las problemáticas de las comunidades indígenas, las que no podrían entenderse hoy sin sus referentes urbanos no sólo en el continuum folk-urbano detectado hace poco menos de un siglo por Robert Redfield ‒hoy acentuado por lo que se denomina lo rururbano, la globalización y la gentrificación rural‒, sino también por la migración, la educación, los medios de comunicación masiva, los medios digitales, el crimen organizado (conector escalar entre las localidades y las grandes metrópolis de México, los Estados Unidos, Europa y Asia), retornos de los migrantes a sus comunidades en tiempos festivos, remesas, ‒especialmente desde los Estados Unidos‒.
Por otro lado, la Antropología urbana ayuda decisivamente a emplazar (contextual y escalarmente) los nuevos problemas de la antropología, porque la urbe al constituirse en una poderosa maquinaria de transformación ontológica, pero más aún las metrópolis, donde las relaciones sociales están marcadas por el anonimato, relaciones asociativas electivas, donde se segmentan los roles, donde predominan las relaciones categoriales (Mitchel) o de evitamiento (Goffman) o de reserva y está marcada por el “espíritu blasé”, hastiado, sin energía (Simmel), repito, esos procesos tan estructurantes, se pueden comprender mediante la historia de las ciudades y sus problemas ‒una de cuyas características es la multiculturalidad y densidad poblacional (Wirth)‒, cuyo impacto no es sólo hacia su interior, sino a sus diversas áreas de influencia, que exceden a sus propias fronteras citadinas, las fronteras nacionales, pues las llamadas “ciudades mundiales” (Hannerz, Sassen, Massey, Castells, García Canclini, Soja) y los procesos de glocalización reformulan las relaciones microsociales y el estudio de los contextos.
La división social del trabajo (en el sentido de Marx), históricamente, excede a la fábrica y es el espacio urbano el que posibilita su despliegue y gran transformación, por ejemplo, en lo que refiere al género, contexto que posibilita los feminicidios que se visibilizan tempranamente en Ciudad Juárez (México), sus maquilas y la pobreza, que es mayoritariamente femenina. El estudio de las grandes urbes también ayuda a comprender la violencia vicaria, la necropolítica con respecto a los jóvenes, el bullying, etc.