Ponencia Seleccionada
Resignificación cultural en Azoyú, Guerrero.
El Estado de Guerrero puede comprenderse, en múltiples dimensiones sociales, como expresión de un estado fallido, en tanto enfrenta fracturas institucionales, violencia estructural y debilitamiento del tejido comunitario. Ante este escenario, se sostiene que la respuesta no puede limitarse al ámbito punitivo o meramente administrativo; es indispensable una transformación cultural profunda a través de una educación para la paz con enfoque intercultural.
La interculturalidad ocupa un lugar fundamental en esta reflexión. En un estado caracterizado por una profunda diversidad étnica y cultural, la educación debe proporcionar el reconocimiento horizontal de las diferencias, evitando tanto la imposición hegemónica como el relativismo acrítico. La interculturalidad concebida filosóficamente, no es mera coexistencia, sino dialogo transformador entre saberes y cosmovisiones. Solo así puede consolidarse una ciudadanía mundial consciente de su responsabilidad local y global.
En la siguiente ponencia se mostrara el caso específico de Azoyú, un municipio rural de la Costa Chica de Guerrero, que enfrenta múltiples desafíos que afectan tanto a su estructura social como a su entorno natural. Estos problemas, que incluyen fracturas sociales, daños ecológicos graves, urbanización desmedida, falta de oportunidades laborales, y la transformación acelerada del territorio, están teniendo consecuencias profundas en la identidad cultural y en las dinámicas comunitarias de la región. La transformación del uso del suelo, la deforestación, la contaminación, el mal tratamiento del agua y la violencia, han generado un deterioro sistemático de las prácticas tradicionales que históricamente han sido parte fundamental de la vida cotidiana de sus habitantes.
El objetivo central es comprender como los procesos sociales han ido modificando la cosmovisión, en torno a la lengua, la naturaleza, la lengua, la música, la vestimenta y la gastronomía y como con la revitalización y reconciliación de prácticas ancestrales es posible crear puntos de encuentro humanísticos.
La interculturalidad ocupa un lugar fundamental en esta reflexión. En un estado caracterizado por una profunda diversidad étnica y cultural, la educación debe proporcionar el reconocimiento horizontal de las diferencias, evitando tanto la imposición hegemónica como el relativismo acrítico. La interculturalidad concebida filosóficamente, no es mera coexistencia, sino dialogo transformador entre saberes y cosmovisiones. Solo así puede consolidarse una ciudadanía mundial consciente de su responsabilidad local y global.
En la siguiente ponencia se mostrara el caso específico de Azoyú, un municipio rural de la Costa Chica de Guerrero, que enfrenta múltiples desafíos que afectan tanto a su estructura social como a su entorno natural. Estos problemas, que incluyen fracturas sociales, daños ecológicos graves, urbanización desmedida, falta de oportunidades laborales, y la transformación acelerada del territorio, están teniendo consecuencias profundas en la identidad cultural y en las dinámicas comunitarias de la región. La transformación del uso del suelo, la deforestación, la contaminación, el mal tratamiento del agua y la violencia, han generado un deterioro sistemático de las prácticas tradicionales que históricamente han sido parte fundamental de la vida cotidiana de sus habitantes.
El objetivo central es comprender como los procesos sociales han ido modificando la cosmovisión, en torno a la lengua, la naturaleza, la lengua, la música, la vestimenta y la gastronomía y como con la revitalización y reconciliación de prácticas ancestrales es posible crear puntos de encuentro humanísticos.