Ponencia Seleccionada
Entre el ring y la periferia: vivienda social, movilidad urbana y subversión corporal en mujeres boxeadoras
Esta ponencia analiza las trayectorias urbanas de mujeres boxeadoras que habitan conjuntos de vivienda de interés social en la periferia de la Ciudad de México. A partir de una aproximación etnográfica centrada en gimnasios de boxeo y en los desplazamientos cotidianos de estas deportistas, se propone examinar cómo la localización residencial en contextos de vivienda social estructura sus prácticas de movilidad, sus formas de habitar la ciudad y las estrategias que desarrollan para sostener su práctica deportiva.
Las investigaciones recientes han señalado que la vivienda constituye un elemento central en la producción de desigualdades urbanas, ya que las formas de acceso, localización y calidad del espacio habitacional condicionan las oportunidades de quienes habitan la ciudad (Molina, Galleguillos & Grundström, 2022). En América Latina, las políticas de vivienda social han tendido a consolidar patrones de segregación urbana que desplazan a amplios sectores de la población hacia zonas periféricas, generando configuraciones urbanas caracterizadas por largas distancias entre los lugares de residencia, trabajo, educación y recreación. En este sentido, la vivienda no sólo funciona como espacio doméstico, sino como un nodo territorial que organiza las trayectorias cotidianas y define las relaciones de sus habitantes con la ciudad.
Desde una perspectiva de género, estas desigualdades se intensifican. Las mujeres experimentan de manera diferenciada las condiciones de movilidad urbana, enfrentando mayores tiempos de traslado, inseguridad en el transporte público y situaciones recurrentes de acoso o violencia en los espacios de tránsito (Soto Villagrán, 2019). Así, la localización periférica de la vivienda social no sólo implica distancias físicas mayores, sino también una relación cotidiana con la ciudad atravesada por riesgos, restricciones y desigualdades de acceso al espacio urbano.
En este contexto, el boxeo aparece como un espacio social particularmente relevante para analizar la relación entre cuerpo, ciudad y desigualdad. Loïc Wacquant (2006) ha mostrado cómo el gimnasio de boxeo funciona como un espacio de socialización, disciplina corporal y construcción de sentido para sujetos provenientes de contextos urbanos precarizados. Sin embargo, la mayoría de estos estudios se ha centrado en trayectorias masculinas, dejando relativamente poco exploradas las experiencias de las mujeres dentro de estos espacios.
A partir del seguimiento de las trayectorias urbanas de mujeres boxeadoras —que conectan vivienda, transporte público, trabajo y gimnasio— esta ponencia examina cómo la práctica pugilística se sostiene en medio de configuraciones urbanas marcadas por la segregación residencial. El cuerpo pugilístico se construye así no sólo en el espacio del gimnasio, sino también en la experiencia cotidiana de recorrer la ciudad desde la periferia: largas horas de traslado, múltiples transbordos y la constante negociación con espacios urbanos inseguros.
Desde esta perspectiva, el boxeo puede entenderse como una forma de reapropiación corporal y espacial. La presencia de mujeres en un deporte históricamente masculinizado y su insistencia en desplazarse largas distancias para entrenar constituyen prácticas que desafían tanto las normas de género como las fronteras espaciales que estructuran la ciudad. Siguiendo a Sennett (2019), la experiencia urbana se produce en la tensión entre el espacio construido y las prácticas sociales que lo habitan.
Las investigaciones recientes han señalado que la vivienda constituye un elemento central en la producción de desigualdades urbanas, ya que las formas de acceso, localización y calidad del espacio habitacional condicionan las oportunidades de quienes habitan la ciudad (Molina, Galleguillos & Grundström, 2022). En América Latina, las políticas de vivienda social han tendido a consolidar patrones de segregación urbana que desplazan a amplios sectores de la población hacia zonas periféricas, generando configuraciones urbanas caracterizadas por largas distancias entre los lugares de residencia, trabajo, educación y recreación. En este sentido, la vivienda no sólo funciona como espacio doméstico, sino como un nodo territorial que organiza las trayectorias cotidianas y define las relaciones de sus habitantes con la ciudad.
Desde una perspectiva de género, estas desigualdades se intensifican. Las mujeres experimentan de manera diferenciada las condiciones de movilidad urbana, enfrentando mayores tiempos de traslado, inseguridad en el transporte público y situaciones recurrentes de acoso o violencia en los espacios de tránsito (Soto Villagrán, 2019). Así, la localización periférica de la vivienda social no sólo implica distancias físicas mayores, sino también una relación cotidiana con la ciudad atravesada por riesgos, restricciones y desigualdades de acceso al espacio urbano.
En este contexto, el boxeo aparece como un espacio social particularmente relevante para analizar la relación entre cuerpo, ciudad y desigualdad. Loïc Wacquant (2006) ha mostrado cómo el gimnasio de boxeo funciona como un espacio de socialización, disciplina corporal y construcción de sentido para sujetos provenientes de contextos urbanos precarizados. Sin embargo, la mayoría de estos estudios se ha centrado en trayectorias masculinas, dejando relativamente poco exploradas las experiencias de las mujeres dentro de estos espacios.
A partir del seguimiento de las trayectorias urbanas de mujeres boxeadoras —que conectan vivienda, transporte público, trabajo y gimnasio— esta ponencia examina cómo la práctica pugilística se sostiene en medio de configuraciones urbanas marcadas por la segregación residencial. El cuerpo pugilístico se construye así no sólo en el espacio del gimnasio, sino también en la experiencia cotidiana de recorrer la ciudad desde la periferia: largas horas de traslado, múltiples transbordos y la constante negociación con espacios urbanos inseguros.
Desde esta perspectiva, el boxeo puede entenderse como una forma de reapropiación corporal y espacial. La presencia de mujeres en un deporte históricamente masculinizado y su insistencia en desplazarse largas distancias para entrenar constituyen prácticas que desafían tanto las normas de género como las fronteras espaciales que estructuran la ciudad. Siguiendo a Sennett (2019), la experiencia urbana se produce en la tensión entre el espacio construido y las prácticas sociales que lo habitan.