Ponencia Seleccionada
Ancestralidad y globalidad: Identidades chicanas más allá de la frontera.
La cultura chicana constituye un espacio idóneo para analizar la emergencia de identidades híbridas en contextos de frontera y exclusión sociopolítica. Esta ponencia examina, en particular, la intersección entre la cosmogonía precolombina y diversas corrientes culturales contemporáneas, y cómo a partir de esta convergencia surgen identidades que buscan proyectarse en un contexto de tensiones geopolíticas e identitarias.
El análisis se basa en trabajo etnográfico realizado en la ciudad de San Diego, donde se documentaron prácticas culturales, encuentros comunitarios y expresiones artísticas vinculadas con la cultura chicana. A partir de estos casos se explora por qué la cosmogonía mesoamericana y sus símbolos tienen una fuerte presencia en estos espacios, su función como asideros identitarios y generadores de un sentido de pertenencia simbólica y a su vez cómo se articulan con corrientes contemporáneas como el ciberpunk y la cultura queer. Se analiza la creciente presencia de prácticas como las danzas prehispánicas, entendidas como formas de afirmación identitaria y resistencia cultural. Ante la serie de dificultades que implica una resistencia violenta o directa, las manifestaciones culturales se convierten en una herramienta de resistencia eficaz. Se examinan conceptos como Nepantla y Aztlán en el pensamiento de Gloria Anzaldúa y en las estéticas performativas de Guillermo Gómez-Peña, como claves para comprender la configuración de identidades chicanas contemporáneas. Por último, estas identidades emergentes —expresadas en denominaciones como chicanx o latinex— son un desafía a las culturas hegemónicas, principalmente la anglosajona, pero al mismo tiempo logran asimilar ciertos valores que tienden a asociarse con la llamada “cultura occidental”, tales como la libertad de expresión, la democracia, e incluso la decisión del individuo con respecto a su género, pero estos conceptos se reelaboran desde una perspectiva decolonial y se integran con la cosmogonía y las prácticas indígenas tales como el calpulli dando lugar a un sujeto transfronterizo y decolonial.
El análisis se basa en trabajo etnográfico realizado en la ciudad de San Diego, donde se documentaron prácticas culturales, encuentros comunitarios y expresiones artísticas vinculadas con la cultura chicana. A partir de estos casos se explora por qué la cosmogonía mesoamericana y sus símbolos tienen una fuerte presencia en estos espacios, su función como asideros identitarios y generadores de un sentido de pertenencia simbólica y a su vez cómo se articulan con corrientes contemporáneas como el ciberpunk y la cultura queer. Se analiza la creciente presencia de prácticas como las danzas prehispánicas, entendidas como formas de afirmación identitaria y resistencia cultural. Ante la serie de dificultades que implica una resistencia violenta o directa, las manifestaciones culturales se convierten en una herramienta de resistencia eficaz. Se examinan conceptos como Nepantla y Aztlán en el pensamiento de Gloria Anzaldúa y en las estéticas performativas de Guillermo Gómez-Peña, como claves para comprender la configuración de identidades chicanas contemporáneas. Por último, estas identidades emergentes —expresadas en denominaciones como chicanx o latinex— son un desafía a las culturas hegemónicas, principalmente la anglosajona, pero al mismo tiempo logran asimilar ciertos valores que tienden a asociarse con la llamada “cultura occidental”, tales como la libertad de expresión, la democracia, e incluso la decisión del individuo con respecto a su género, pero estos conceptos se reelaboran desde una perspectiva decolonial y se integran con la cosmogonía y las prácticas indígenas tales como el calpulli dando lugar a un sujeto transfronterizo y decolonial.