Ponencia Seleccionada
Hacia una Autoetnografía Trascendental: Vigilancia Epistemológica y Cuerpo Sentipensante en la Investigación
El presente trabajo propone un abordaje metodológico desde la autoetnografía, enriquecido con una dimensión trascendental, que sirva como herramienta para el autoexamen crítico del investigador. El objetivo es doble: por un lado, visibilizar el lugar de enunciación y su impacto en la construcción del objeto de estudio; por otro, documentar las dificultades, prejuicios y soluciones que emergen durante el proceso investigativo.
Dicho trabajo es parte de un desarrollo paralelo que desarrollo en mi tesis de maestría y ha servido para descubrir un desarrollo de posiciones políticas que se contraponen como el antirracismo al racismo, así como elementos residuales de pensamiento que forman parte de nuestras historias de vida.
Es por ello que la propuesta se fundamenta en una vigilancia ético-epistemológica. Como advierte Bourdieu (2024), el desconocimiento de la posición del investigador y de las implicaciones de su observación es una fuente generadora de errores. Por ello, se busca una ruptura consciente con las prenociones y preconstrucciones sociales. Para llevar a cabo esta vigilancia, se retoma la autoetnografía (Bénard Calva, 2019) como un texto autorreferencial que conecta lo autobiográfico con lo cultural (lo "etno"). Ahí se ancla el giro propuesto: la autoetnografía trascendental.
El término "trascendental" se nutre del pensamiento de Raymond Williams (2000) y sus conceptos de lo residual y lo emergente. Lo residual son elementos del pasado que habitan el presente y pueden, o bien acomodarse a la cultura dominante, o bien contraponerse a ella. Así, lo cultural nos constituye en una constante dialéctica entre pasado y presente. Aplicado a la autoetnografía, este enfoque permite profundizar en el pasado autobiográfico para detectar en el presente aquellos prejuicios residuales que, operando de forma inconsciente, podrían sesgar la investigación. No se trata solo de narrar una historia de vida, sino de escrutarla teóricamente para identificar las capas de significado cultural que nos conforman.
En segundo lugar, y de manera emergente, esta propuesta integra la dimensión corporal y sensible del investigador, entendiéndolo como un ser "sentipensante" (Fals Borda, 2015). La investigación no es un acto puramente racional; el investigador está en contacto vivencial con todo el proceso. Considerar esta dimensión sentipensante implica una postura crítica frente a la tradición que erige la razón como hegemónica y la contrapone de forma excluyente a la espiritualidad y la subjetividad (Méndez, 2000).
Dicho trabajo es parte de un desarrollo paralelo que desarrollo en mi tesis de maestría y ha servido para descubrir un desarrollo de posiciones políticas que se contraponen como el antirracismo al racismo, así como elementos residuales de pensamiento que forman parte de nuestras historias de vida.
Es por ello que la propuesta se fundamenta en una vigilancia ético-epistemológica. Como advierte Bourdieu (2024), el desconocimiento de la posición del investigador y de las implicaciones de su observación es una fuente generadora de errores. Por ello, se busca una ruptura consciente con las prenociones y preconstrucciones sociales. Para llevar a cabo esta vigilancia, se retoma la autoetnografía (Bénard Calva, 2019) como un texto autorreferencial que conecta lo autobiográfico con lo cultural (lo "etno"). Ahí se ancla el giro propuesto: la autoetnografía trascendental.
El término "trascendental" se nutre del pensamiento de Raymond Williams (2000) y sus conceptos de lo residual y lo emergente. Lo residual son elementos del pasado que habitan el presente y pueden, o bien acomodarse a la cultura dominante, o bien contraponerse a ella. Así, lo cultural nos constituye en una constante dialéctica entre pasado y presente. Aplicado a la autoetnografía, este enfoque permite profundizar en el pasado autobiográfico para detectar en el presente aquellos prejuicios residuales que, operando de forma inconsciente, podrían sesgar la investigación. No se trata solo de narrar una historia de vida, sino de escrutarla teóricamente para identificar las capas de significado cultural que nos conforman.
En segundo lugar, y de manera emergente, esta propuesta integra la dimensión corporal y sensible del investigador, entendiéndolo como un ser "sentipensante" (Fals Borda, 2015). La investigación no es un acto puramente racional; el investigador está en contacto vivencial con todo el proceso. Considerar esta dimensión sentipensante implica una postura crítica frente a la tradición que erige la razón como hegemónica y la contrapone de forma excluyente a la espiritualidad y la subjetividad (Méndez, 2000).