Ponencia Seleccionada
“Poner el cuerpo” desde los estudios corporales; reflexividad y autoetnografía
Esta propuesta de ponencia tiene por objetivo conceptualizar la corporalidad y corporeidad del/de la investigador/a como una mediación central tanto metodológica como ética en el quehacer antropológico contemporáneo. A partir de reflexiones desarrolladas en los últimos años, se argumenta que la corporalidad no es un instrumento neutral de observación, sino un sitio activo de producción de conocimiento situado y un espacio donde se negocian las relaciones de poder, vulnerabilidad y reciprocidad inherentes al trabajo de campo.
Desde los estudios corporales y la autoetnografía se recupera la apuesta por “construir datos desde la piel” y “poner el cuerpo” literalmente y figuradamente: inmersión sensorial, registro de sensaciones propias (fatiga, dolor, deseo, extrañeza), cruces de diarios de campo y triangulación constante con voces ajenas. Esta mediación corporal obliga a una reflexividad permanente que desdibuja la posición privilegiada del observador tradicional, dialoga con metodologías horizontales y genera un ejercicio ético que incorpora los sentires propios y ajenos en pro de una refocalización de conceptos hegemónicos en las ciencias sociales.
Estas ideas se sustentan en una reflexión epistémica que posiciona la corporalidad del/de la investigador/a como mediación metodológica privilegiada. Al situar el cuerpo propio como lugar activo de producción de conocimiento, se accede a una comprensión situada de los procesos de subjetivación, del capital corporal y de las configuraciones estéticas contemporáneas. Esta aproximación encarnada exige, al mismo tiempo, una ética de la reciprocidad y una vigilancia epistémica permanente que interroga constantemente las relaciones de poder y las condiciones de posibilidad del saber antropológico. Ejercer una reflexividad constante durante la investigación no solo evita la reproducción de jerarquías epistémicas, sino que ilumina de manera decisiva la construcción misma de las relaciones con los sujetos con los que interactuamos: permite reconocer y nombrar los afectos, las incomodidades, los silencios y las complicidades que emergen en el encuentro corporal, transformando esas dinámicas en datos valiosos y en un compromiso ético-político que redefine la investigación como un acto de co-producción de conocimiento situado mutuamente vulnerable y responsable.
Esta ponencia busca contribuir al debate de la antropología social mexicana sobre metodologías reflexivas y encarnadas, defendiendo que asumir el cuerpo como mediación metodológica permite una antropología más situada, sensible y políticamente responsable.
Desde los estudios corporales y la autoetnografía se recupera la apuesta por “construir datos desde la piel” y “poner el cuerpo” literalmente y figuradamente: inmersión sensorial, registro de sensaciones propias (fatiga, dolor, deseo, extrañeza), cruces de diarios de campo y triangulación constante con voces ajenas. Esta mediación corporal obliga a una reflexividad permanente que desdibuja la posición privilegiada del observador tradicional, dialoga con metodologías horizontales y genera un ejercicio ético que incorpora los sentires propios y ajenos en pro de una refocalización de conceptos hegemónicos en las ciencias sociales.
Estas ideas se sustentan en una reflexión epistémica que posiciona la corporalidad del/de la investigador/a como mediación metodológica privilegiada. Al situar el cuerpo propio como lugar activo de producción de conocimiento, se accede a una comprensión situada de los procesos de subjetivación, del capital corporal y de las configuraciones estéticas contemporáneas. Esta aproximación encarnada exige, al mismo tiempo, una ética de la reciprocidad y una vigilancia epistémica permanente que interroga constantemente las relaciones de poder y las condiciones de posibilidad del saber antropológico. Ejercer una reflexividad constante durante la investigación no solo evita la reproducción de jerarquías epistémicas, sino que ilumina de manera decisiva la construcción misma de las relaciones con los sujetos con los que interactuamos: permite reconocer y nombrar los afectos, las incomodidades, los silencios y las complicidades que emergen en el encuentro corporal, transformando esas dinámicas en datos valiosos y en un compromiso ético-político que redefine la investigación como un acto de co-producción de conocimiento situado mutuamente vulnerable y responsable.
Esta ponencia busca contribuir al debate de la antropología social mexicana sobre metodologías reflexivas y encarnadas, defendiendo que asumir el cuerpo como mediación metodológica permite una antropología más situada, sensible y políticamente responsable.