Ponencia Seleccionada
Trabajo de campo, salud y ética: experiencias etnográficas durante la pandemia del COVID-19
La pandemia provocada por el virus SARS-CoV-2 implicó una reconfiguración profunda del quehacer antropológico, particularmente en lo que respecta al trabajo de campo, cuya práctica histórica se ha sustentado en el contacto directo, la observación participante y la copresencia prolongada con los actores sociales. Esta ponencia tiene como objetivo describir y reflexionar sobre los desafíos metodológicos y éticos que surgieron ante las estrategias de salud pública impuestas en la pandemia del COVID-19, a partir de una experiencia de trabajo de campo realizada en Tepoztlán, Morelos, centrada en el estudio de los temazcales dentro del ámbito de las espiritualidades alternativas y el turismo.
Durante las primeras etapas de la pandemia, las restricciones sanitarias limitaron el acceso al trabajo de campo presencial, lo que llevó a una aproximación etnográfica mediada por plataformas digitales. Uno de los principales desafíos metodológicos abordados fue el uso de los espacios digitales como medio de contacto con los actores, como fuente de información y como posible unidad de análisis. Sin embargo, debido a la naturaleza del objeto de estudio —prácticas espirituales centradas en encuentros corporales, rituales de sanación, eventos colectivos y experiencias sensoriales—, la información disponible en entornos digitales resultó insuficiente para dar cuenta de la complejidad del fenómeno. A pesar de que estas prácticas continuaron realizándose durante la pandemia, su visibilidad digital fue limitada y no correspondía plenamente con la realidad presencial.
Ante este escenario, se optó por una estrategia metodológica complementaria, que combinó el seguimiento digital con momentos posteriores de etnografía presencial, realizados en etapas de la pandemia con menores restricciones sanitarias. Esta decisión permitió contrastar los datos obtenidos en línea con la experiencia in situ, evidenciando las tensiones entre lo digital y lo presencial, así como los alcances y límites de la etnografía digital en contextos donde el cuerpo y la copresencia son centrales.
Un segundo eje de análisis se centra en los dilemas éticos derivados de la participación activa en el campo. En particular, la investigación se desarrolló en un contexto donde los actores mantenían una postura crítica frente a las estrategias de salud pública, lo que generó tensiones entre su concepción del cuidado de la salud y las responsabilidades éticas de la investigadora. Este escenario puso en cuestión no sólo el resguardo de la salud de los interlocutores, sino también la propia, obligando a una reflexión constante sobre los límites de la observación participante.
Como respuesta, se implementaron estrategias éticas situadas, tales como el seguimiento exhaustivo de los niveles de contagio, la adecuación temporal de entrevistas y participaciones en temazcales a momentos de bajo riesgo, el uso sistemático del consentimiento informado y el monitoreo continuo del estado de salud de los actores involucrados. La ponencia sostiene que la pandemia no sólo transformó las condiciones del trabajo de campo, sino que también intensificó la necesidad de una ética reflexiva, contextual y relacional, capaz de dialogar con las realidades y tensiones propias del campo, sin perder de vista la responsabilidad antropológica frente al cuidado de la vida.
Durante las primeras etapas de la pandemia, las restricciones sanitarias limitaron el acceso al trabajo de campo presencial, lo que llevó a una aproximación etnográfica mediada por plataformas digitales. Uno de los principales desafíos metodológicos abordados fue el uso de los espacios digitales como medio de contacto con los actores, como fuente de información y como posible unidad de análisis. Sin embargo, debido a la naturaleza del objeto de estudio —prácticas espirituales centradas en encuentros corporales, rituales de sanación, eventos colectivos y experiencias sensoriales—, la información disponible en entornos digitales resultó insuficiente para dar cuenta de la complejidad del fenómeno. A pesar de que estas prácticas continuaron realizándose durante la pandemia, su visibilidad digital fue limitada y no correspondía plenamente con la realidad presencial.
Ante este escenario, se optó por una estrategia metodológica complementaria, que combinó el seguimiento digital con momentos posteriores de etnografía presencial, realizados en etapas de la pandemia con menores restricciones sanitarias. Esta decisión permitió contrastar los datos obtenidos en línea con la experiencia in situ, evidenciando las tensiones entre lo digital y lo presencial, así como los alcances y límites de la etnografía digital en contextos donde el cuerpo y la copresencia son centrales.
Un segundo eje de análisis se centra en los dilemas éticos derivados de la participación activa en el campo. En particular, la investigación se desarrolló en un contexto donde los actores mantenían una postura crítica frente a las estrategias de salud pública, lo que generó tensiones entre su concepción del cuidado de la salud y las responsabilidades éticas de la investigadora. Este escenario puso en cuestión no sólo el resguardo de la salud de los interlocutores, sino también la propia, obligando a una reflexión constante sobre los límites de la observación participante.
Como respuesta, se implementaron estrategias éticas situadas, tales como el seguimiento exhaustivo de los niveles de contagio, la adecuación temporal de entrevistas y participaciones en temazcales a momentos de bajo riesgo, el uso sistemático del consentimiento informado y el monitoreo continuo del estado de salud de los actores involucrados. La ponencia sostiene que la pandemia no sólo transformó las condiciones del trabajo de campo, sino que también intensificó la necesidad de una ética reflexiva, contextual y relacional, capaz de dialogar con las realidades y tensiones propias del campo, sin perder de vista la responsabilidad antropológica frente al cuidado de la vida.