Ponencia Seleccionada
Itinerarios patologizantes: mujeres y sufrimiento psíquico, una revisión desde el feminismo interseccional
El trabajo que aquí se expone presenta un avance teórico y de revisión de antecedentes de la investigación doctoral en curso, titulada “Itinerarios patologizantes: trayectorias de mujeres con padecimiento psíquico que transitaron internaciones psiquiátricas”. La investigación se inscribe en el campo de las antropologías feministas y se propone indagar acerca de la historia de patologización que atraviesa la vida de las mujeres y cómo esto se manifiesta en las trayectorias, en los casos de internación en hospitales asilares y su posterior proceso de externación. Este avance busca aportar a una comprensión crítica del sufrimiento subjetivo como un campo privilegiado para analizar las articulaciones entre género, poder y salud mental.
El marco de referencia articula aportes de la antropología de la salud, la salud colectiva y los estudios feministas, recuperando nociones sobre medicalización, estudios críticos en salud mental, interseccionalidad, así como aquellas contribuciones que problematizan la construcción histórica y social de los padecimientos a lo largo de las distintas épocas.
De lo hasta aquí relevado, la investigación evidencia la persistencia de sesgos de género en los dispositivos de salud mental, particularmente en la deslegitimación del sentir de las mujeres, la naturalización de diagnósticos asociados a los malestares de la época y la tendencia a intervenir sobre sus cuerpos y conductas a través de internaciones y suscripción de psicofármacos. Se evidencia que estas prácticas impactan sobre las subjetividades, los vínculos y las trayectorias, marcadas por la estigmatización de quienes las transitan y la cronificación del padecimiento.
Asimismo, la noción de itinerarios patologizantes se consolida como una herramienta analítica fundamental para visibilizar los procesos mediante los cuales ciertos malestares cotidianos son sistemáticamente traducidos al lenguaje psiquiátrico, reforzando dinámicas de medicalización, control y tutela.
Frente a lo hasta aquí relevado, se evidencia que las condiciones sociales, económicas, territoriales y culturales resultan un factor relevante en referencia a la salud mental, en el entendido de que las desigualdades sociales pueden generar sufrimientos, y que los sufrimientos pueden producir, a su vez, desigualdades sociales. Una de la síntesis más relevante de este proceso de reflexión, problematización y articulación, se constituye en la ausencia de una perspectiva interseccional del campo de la salud mental por parte de los diversos actores involucrados y, sobre todo, a las respuestas sensibles al cuidado de la salud mental.
Como posicionan los feminismos latinoamericanos y los colectivos de personas con padecimientos severos, resulta necesario y fundamental consolidar espacios en los que las más diversas vivencias sean legitimadas y respetadas. A esto se suma la necesidad de producir saberes críticos que habiliten la revisión de prácticas en salud mental, promoviendo enfoques que reconozcan el sufrimiento subjetivo como una experiencia socialmente situada y que fortalezcan perspectivas comunitarias y feministas.
El marco de referencia articula aportes de la antropología de la salud, la salud colectiva y los estudios feministas, recuperando nociones sobre medicalización, estudios críticos en salud mental, interseccionalidad, así como aquellas contribuciones que problematizan la construcción histórica y social de los padecimientos a lo largo de las distintas épocas.
De lo hasta aquí relevado, la investigación evidencia la persistencia de sesgos de género en los dispositivos de salud mental, particularmente en la deslegitimación del sentir de las mujeres, la naturalización de diagnósticos asociados a los malestares de la época y la tendencia a intervenir sobre sus cuerpos y conductas a través de internaciones y suscripción de psicofármacos. Se evidencia que estas prácticas impactan sobre las subjetividades, los vínculos y las trayectorias, marcadas por la estigmatización de quienes las transitan y la cronificación del padecimiento.
Asimismo, la noción de itinerarios patologizantes se consolida como una herramienta analítica fundamental para visibilizar los procesos mediante los cuales ciertos malestares cotidianos son sistemáticamente traducidos al lenguaje psiquiátrico, reforzando dinámicas de medicalización, control y tutela.
Frente a lo hasta aquí relevado, se evidencia que las condiciones sociales, económicas, territoriales y culturales resultan un factor relevante en referencia a la salud mental, en el entendido de que las desigualdades sociales pueden generar sufrimientos, y que los sufrimientos pueden producir, a su vez, desigualdades sociales. Una de la síntesis más relevante de este proceso de reflexión, problematización y articulación, se constituye en la ausencia de una perspectiva interseccional del campo de la salud mental por parte de los diversos actores involucrados y, sobre todo, a las respuestas sensibles al cuidado de la salud mental.
Como posicionan los feminismos latinoamericanos y los colectivos de personas con padecimientos severos, resulta necesario y fundamental consolidar espacios en los que las más diversas vivencias sean legitimadas y respetadas. A esto se suma la necesidad de producir saberes críticos que habiliten la revisión de prácticas en salud mental, promoviendo enfoques que reconozcan el sufrimiento subjetivo como una experiencia socialmente situada y que fortalezcan perspectivas comunitarias y feministas.