Ponencia Seleccionada

“Esperar para acceder a una vivienda”. Tiempo, mujeres y desigualdad.

La espera es un elemento fundamental en la vida cotidiana. Aunque suele percibirse como algo banal es importante estudiarla socialmente puesto que es fenómeno multidimensional, cargado de sentidos afectivos, espaciales y sociales, por lo que la espera es una construcción social que se produce a partir de la experiencia de los sujetos. Lidón (2019) menciona que la espera es central para los imaginaos urbanos, casi siempre asociados a la esperanza de mejora: mejorar el barrio, mejorar mi condición, mejorar mi vivienda o conseguir una.
Por su parte Musset (2015) añade que la espera no es tiempo muerto o carente de sentido, sino que es una dimensión compleja en el que se producen territorios de espera activos. Si bien muchas veces estos territorios no están diseñados para ello, es a través de habitarlos que los transforman en espacios de transición. O en otras palabras en espacios liminales, que sitúa a las personas en estados intermedios: lo que quiero abandonar, pero aún no logro alcanzar. De este modo, la espera puede convertirse en una experiencia cargada de incertidumbre, esperanza, tensión, etc.
No obstante, Auyero (2013) añade el componente político: cuestiona que no se produce de la carencia de las personas, sino por el contrario, es administrada por el Estado. En este sentido, la burocracia organiza tiempos de espera que ordenan y disciplinan la vida cotidiana que naturalizan la espera, generando relaciones de interdependencia. Estas relaciones suelen afectar en mayor medida a las mujeres, pues son ellas las que acceden de menor forma a tener una vivienda por su condición de género (Soto, 2024), “[…] a lo que también se pueden agregar factores como la pobreza, la edad, la clase social, el origen étnico, entre otros”.
Es por ello que esta ponencia busca visibilizar en términos cuantitativos y cualitativos la espera de las mujeres para acceder a una vivienda adecuada, definiendo a ésta más allá de lo material, sino a lo que se le suma la seguridad de la tenencia, la disponibilidad de servicios e infraestructura, la asequibilidad, la habitabilidad, la ubicación y adecuación cultural (ONU-Hábitat). Esto visibiliza la espera habitacional: un trabajo cotidiano que implica gestionar vínculos, esperanzas, incertidumbres, así como lidiar con la estructura estatal y la mercantil que distribuyen de manera desigual la posibilidad de acceder a una vivienda adecuada. Por lo que la espera se vuelve central para comprender cómo se reproduce la desigualdad urbana y cómo las mujeres habitan la ciudad.
Palabras Clave
Espera, género, vivienda, desigualdad, habitar

Ponentes

    SANDRA TANISHA SILVA AGUILAR