Ponencia Seleccionada
Atmósferas sensitivas y prácticas de autocuidado entre población migrante y mexicana en espacios de comida ambulante de la Ciudad de México
La presente propuesta analiza cómo personas migrantes latinoamericanas (particularmente de origen venezolano y cubano) construyen formas cotidianas de habitar, cuidar y sostener la vida en contextos urbanos marcados por la desigualdad en la Ciudad de México. Desde el enfoque de cuerpo-territorio, se plantea comprender el cuerpo migrante como un espacio donde se inscriben memorias, trayectorias de movilidad y estrategias prácticas que permiten enfrentar condiciones de precariedad laboral, exclusión social y acceso limitado a servicios de salud.
En escenarios urbanos caracterizados por economías informales y comercio ambulante, migrantes y población mexicana comparten territorios laborales donde emergen prácticas situadas de autocuidado y cuidado colectivo vinculadas con la alimentación, el trabajo cotidiano y la construcción de redes de apoyo. Estas dinámicas permiten observar cómo la reproducción social de la vida urbana se sostiene mediante intercambios prácticos de saberes sobre salud cotidiana, bienestar corporal y estrategias para enfrentar la incertidumbre derivada de la movilidad y la desigualdad urbana.
La investigación, actualmente en una fase inicial de trabajo de campo, propone aproximarse etnográficamente a estos espacios compartidos a partir del análisis de las atmósferas sensitivas urbanas, entendidas como configuraciones relacionales producidas mediante sonidos, olores, ritmos de trabajo, corporalidades, afectos e interacciones cotidianas que median la convivencia entre personas migrantes y locales. Desde la etnografía sensorial, Sarah Pink plantea que el conocimiento social emerge a través de experiencias encarnadas del habitar y del sentir compartido, permitiendo comprender cómo las relaciones sociales se configuran antes de su formulación discursiva. En este sentido, las atmósferas sensitivas permiten analizar cómo la confianza, la colaboración o la tensión se construyen corporal y emocionalmente en la vida urbana cotidiana, influyendo en la circulación de saberes relacionados con el cuidado.
Metodológicamente, prácticas culturales presentes en el espacio urbano —como la alimentación compartida y el rap— funcionan como formas de acceso relacional al campo, facilitando el establecimiento de vínculos y el reconocimiento mutuo desde experiencias corporales y sensoriales comunes. Estas aproximaciones permiten observar cómo el cuidado se produce no sólo como práctica individual o doméstica, sino como un proceso colectivo y territorial que emerge en la convivencia diaria.
La ponencia propone así comprender el cuidado como una dimensión política del habitar la ciudad, mostrando cómo las interacciones entre población migrante y local generan formas situadas de autocuidado y sostenimiento de la vida frente a escenarios de desigualdad estructural. Con ello, se busca contribuir a las discusiones antropológicas sobre movilidades, justicia urbana y cuidados, destacando la importancia de metodologías sensibles para comprender la salud y el bienestar desde experiencias urbanas en movimiento.
En escenarios urbanos caracterizados por economías informales y comercio ambulante, migrantes y población mexicana comparten territorios laborales donde emergen prácticas situadas de autocuidado y cuidado colectivo vinculadas con la alimentación, el trabajo cotidiano y la construcción de redes de apoyo. Estas dinámicas permiten observar cómo la reproducción social de la vida urbana se sostiene mediante intercambios prácticos de saberes sobre salud cotidiana, bienestar corporal y estrategias para enfrentar la incertidumbre derivada de la movilidad y la desigualdad urbana.
La investigación, actualmente en una fase inicial de trabajo de campo, propone aproximarse etnográficamente a estos espacios compartidos a partir del análisis de las atmósferas sensitivas urbanas, entendidas como configuraciones relacionales producidas mediante sonidos, olores, ritmos de trabajo, corporalidades, afectos e interacciones cotidianas que median la convivencia entre personas migrantes y locales. Desde la etnografía sensorial, Sarah Pink plantea que el conocimiento social emerge a través de experiencias encarnadas del habitar y del sentir compartido, permitiendo comprender cómo las relaciones sociales se configuran antes de su formulación discursiva. En este sentido, las atmósferas sensitivas permiten analizar cómo la confianza, la colaboración o la tensión se construyen corporal y emocionalmente en la vida urbana cotidiana, influyendo en la circulación de saberes relacionados con el cuidado.
Metodológicamente, prácticas culturales presentes en el espacio urbano —como la alimentación compartida y el rap— funcionan como formas de acceso relacional al campo, facilitando el establecimiento de vínculos y el reconocimiento mutuo desde experiencias corporales y sensoriales comunes. Estas aproximaciones permiten observar cómo el cuidado se produce no sólo como práctica individual o doméstica, sino como un proceso colectivo y territorial que emerge en la convivencia diaria.
La ponencia propone así comprender el cuidado como una dimensión política del habitar la ciudad, mostrando cómo las interacciones entre población migrante y local generan formas situadas de autocuidado y sostenimiento de la vida frente a escenarios de desigualdad estructural. Con ello, se busca contribuir a las discusiones antropológicas sobre movilidades, justicia urbana y cuidados, destacando la importancia de metodologías sensibles para comprender la salud y el bienestar desde experiencias urbanas en movimiento.