Ponencia Seleccionada

Maternar durante el trabajo de campo: limitaciones y alcances metodológicos en la compaginación de los roles de investigadora y de madre.

Hacer trabajo de campo implica desplegar una serie de actividades y tácticas para el cuidado de las antropólogas, quienes establecemos una relación íntima y de proximidad, con las y los participantes de los estudios. Dichos cuidados se extienden hacia la integridad de las y los participantes y se complejizan cuando el trabajo de campo se combina con la actividad de maternar. Maternar durante el trabajo de campo devine de la falta de redes de apoyo y de estancias de cuidado que caracterizan los entornos de las antropólogas que debemos de administrar y compaginar los tiempos en los que somos madres y somos investigadoras; esto debido a que, en los periodos vacacionales, los fines de semana y los tiempos durante los cuales nuestros hijxs no se encuentran en los entornos escolares permanecen bajo nuestro cuidado. Lo cual, en ocasiones, se puede presentar como un obstáculo para desempeñar el trabajo de campo. En aras de afrontar dicho obstáculo, varias de nosotras optamos por llevar a nuestrxs hijxs al campo.
Lo anterior implica el aumento de preocupaciones y responsabilidades durante la realización del trabajo de campo, desde cargar con más objetos, como juguetes, ropa, alimentos y bebidas, por ejemplo, hasta desarrollar una doble sensibilidad y capacidad de observación, para no dejar pasar por alto la recolección de información, pero a la vez mantener la integridad y el cuidado de nuestras niñeces.
En presente trabajo me propongo describir las implicaciones de maternar y hacer trabajo de campo durante dos ejercicios de investigación. Pongo mayor énfasis en el último y segundo ejercicio, en el que investigué los conflictos entre las vagoneras del Metro y las colectivas feministas en la Ciudad de México. Para este ejercicio me acompañé de mi hijo para vender en los vagones del Metro y en ocasiones las actividades de cuidado implicaron el indicarle como debía de comportarse con cada grupo de mujeres. Si bien, destacó las adversidades de hacer un doble ejercicio de cuidados durante el trabajo de campo, también señalo las ventajas y la creatividad metodológica que surgió durante el acompañamiento y cuidado de mi hijo, que en ese entonces, tenía siete años, en el primer ejercicio de investigación, y nueve años, en el segundo ejercicio de investigación. En varias ocasiones la entrada al campo y la confianza de las y los participantes se vio potencializada por la presencia de mi hijo.
Para lo anterior retomo un posicionamiento epistemológico que emerge de la propuesta feminista del conocimiento situado (Haraway, 1995).
Palabras Clave
Trabajo de campo, maternar, conocimiento situado, antropología feminista

Ponentes

    Flor Daniela Estrada Gutiérrez