Ponencia Seleccionada
Paisajes hidro-forenses: flujos perversos, búsqueda y habitabilidad en territorios de desaparición.
El Gran Canal de Desagüe, el Río de los Remedios y el Bordo de Xochiaca: ¿qué comparten estos espacios más allá de ser territorios de desecho? Propongo pensarlos como paisajes hidro-forenses: ensamblajes urbanos más-que-humanos donde las aguas negras y materialidades tóxicas redistribuyen restos y evidencias, al tiempo que concentran las búsquedas de familiares de personas desaparecidas. En estos paisajes, los canales operan simultáneamente como zonas de ocultamiento y superficies de inscripción forense.
Aquí, la violencia no es un evento excepcional, sino un proceso que se sedimenta en el agua oscura. Frente a la opacidad del flujo, las familias desarrollan formas situadas de legibilidad: no como un saber técnico, sino como el reconocimiento de estas geografías preferidas por el crimen, estableciendo un diálogo con el agua a la que le hablan y consultan en su caminar.
Propongo analizar estos espacios desde una tríada de agencias –el abandono estatal, la dinámica del flujo hídrico y la resistencia familiar– donde, en medio del daño, se despliega una política de la habitabilidad (Langwick, 2018). Mediante prácticas materiales y afectivas como altares y rituales, las familias hacen vivibles entornos profundamente dañados, sin que estos dejen de serlo. Desde esta perspectiva, el paisaje hidro-forense permite disputar el borramiento a través del cuidado colectivo. Estas prácticas abren preguntas sobre cómo se busca, se resiste y se vive en contextos de violencia prolongada.
Aquí, la violencia no es un evento excepcional, sino un proceso que se sedimenta en el agua oscura. Frente a la opacidad del flujo, las familias desarrollan formas situadas de legibilidad: no como un saber técnico, sino como el reconocimiento de estas geografías preferidas por el crimen, estableciendo un diálogo con el agua a la que le hablan y consultan en su caminar.
Propongo analizar estos espacios desde una tríada de agencias –el abandono estatal, la dinámica del flujo hídrico y la resistencia familiar– donde, en medio del daño, se despliega una política de la habitabilidad (Langwick, 2018). Mediante prácticas materiales y afectivas como altares y rituales, las familias hacen vivibles entornos profundamente dañados, sin que estos dejen de serlo. Desde esta perspectiva, el paisaje hidro-forense permite disputar el borramiento a través del cuidado colectivo. Estas prácticas abren preguntas sobre cómo se busca, se resiste y se vive en contextos de violencia prolongada.