Ponencia Seleccionada
De antropólogos y otros especialistas: La construcción de la colección popoloca del Museo Nacional, siglo XX
Desde una mirada actual, el trabajar con colecciones etnográficas puede implicar diversas trivialidades si se hace de manera constante, dejando de lado aspectos que los propios objetos encierran. Cuando uno repara en los elementos que se pueden aprender a partir ellos, descubre un mundo de información: los materiales constitutivos, los saberes aplicados en sus manufacturas, la cultura material —usos y aplicaciones—, así como su historia —a quiénes pertenecieron, dónde, quién y cuándo se adquirieron, entre otros. Este último aspecto puede llevarnos a construir conocimientos más complejos de lo sospechado.
A principios del siglo pasado, gracias a los estudios realizados por un antropólogo, un ingeniero pudo mejorar una etnografía que realizó en una comunidad poco conocida y recoger objetos materiales que terminarían en las bodegas, primero del Museo Nacional, luego del Museo Nacional de Antropología (MNA). Gracias a las primeras pesquisas de estos pioneros —y otros tantos especialistas a lo largo de la misma centuria—, se renovaron certidumbres en torno a una cultura de la cual se tenían pocos datos, que además de acotados, eran erróneos en su mayoría.
Este es el caso de la colección popoloca o ngiwa resguardada en el MNA. Analizando la historia de esta colección —quién, cómo, cuándo y dónde la adquirió—, se expondrá la manera en que se entendía una cultura etnolingüística y se develaran algunos avatares que la antropología mexicana sorteó en su propio devenir al iniciar la centuria pasada.
A principios del siglo pasado, gracias a los estudios realizados por un antropólogo, un ingeniero pudo mejorar una etnografía que realizó en una comunidad poco conocida y recoger objetos materiales que terminarían en las bodegas, primero del Museo Nacional, luego del Museo Nacional de Antropología (MNA). Gracias a las primeras pesquisas de estos pioneros —y otros tantos especialistas a lo largo de la misma centuria—, se renovaron certidumbres en torno a una cultura de la cual se tenían pocos datos, que además de acotados, eran erróneos en su mayoría.
Este es el caso de la colección popoloca o ngiwa resguardada en el MNA. Analizando la historia de esta colección —quién, cómo, cuándo y dónde la adquirió—, se expondrá la manera en que se entendía una cultura etnolingüística y se develaran algunos avatares que la antropología mexicana sorteó en su propio devenir al iniciar la centuria pasada.