Ponencia Seleccionada
La parafernalia ritual. Registro histórico de la gestión chamánica de lo nefasto, entre los pueblos otomíes de la Huasteca veracruzana.
Actualmente el mundo enfrenta una triple crisis sistémica, que conjuga el horror económico que amenaza a la mitad de la población mundial, atrapada en las contradicciones de un capitalismo financierista global en una fase aguda de descomposición geopolítica; una crisis social y política resultante, que amenaza la continuidad de las pautas de convivencia y regulación política; y una crisis ambiental inédita, efecto de la devastación ecológica que la misma dinámica capitalista ha desencadenado, el capitaloceno. En general, los pueblos enfrentan esta situación desde registros y herramientas conceptuales de muy diverso talante. Mientras que la modernidad occidental aporta un tono apocalíptico de origen judeocristiano, los pueblos amerindios como es el caso de los pueblos otomíes de la Huasteca, acuden también a su propia trayectoria mitológica y ritual, para enfrentar desequilibrios y horrores que, sin embargo, no son del todo nuevos. Catástrofes climáticas, hambrunas, inundaciones y sequías, les han azotado desde que poblaron el territorio, asumiendo el rostro de lo nefasto, activando la memoria política del mito. Es entonces que cobra relevancia el quehacer ritual de los especialistas chamánicos (y en especial a través de la parafernalia ritual), volcados a la gestión cosmopolítica de la catástrofe. Bien podría considerarse la figura del Diablo, Zithü, ese voraz destructor de cuerpos, y lo cerca que está este personaje de Hmunzahthŭ, el “Dueño del Hambre”, patrón de las hambrunas, uno de los agentes que seguramente han marcado el devenir histórico de los pueblos. Las entidades humanas y no humanas con que los especialistas chamánicos dialogan desde el registro ritual, junto con los dispositivos técnicos que utilizan para mediar con ellos, y acaso para domarlos (como los objetos-persona), constituyen así un registro histórico de ese empeño cosmopolítico, especialmente desde la invasión europea en el siglo XVI, cuando los pueblos amerindios vivieron quizá uno de los peores cataclismos, tal como podrá demostrar el análisis cosmopolítico de la parafernalia ritual que movilizan año con año.