Ponencia Seleccionada
Del signo orgánico
De larga data, el signo ha sido referido como un objeto material o inmaterial que de manera inherente y/o convencional, representa o sustituye a otro objeto. Esta definición pone sobre la mesa una de las características más importantes del signo: su cualidad dinámica. El signo es elemento y es proceso, por lo que no nos encontramos ante una entidad estática y, si bien no es posible decir que el signo presenta animicidad, sí podemos preguntarnos de dónde emana su actividad. Thomas A. Sebeok (1994), fundador de la biosemiótica, parte de una idea simple pero profunda: la semiosis surge de la realidad orgánica. En otras palabras, somos los seres vivos quienes contamos con la capacidad biológica para transformar en modelos mentales las respuestas sensoriales y afectivas básicas. Esto implica que tales modelos tengan como base el sustrato orgánico específico de cada organismo, lo que explica por qué los humanos y las abejas nos comunicamos en formas distintas.
En consecuencia, partimos de la hipótesis de que: el signo es proceso y resultado de la actividad biológica; no se trata, únicamente, de una invención cultural desligada del organismo, sino de una extensión de éste. El gesto corporal o entonativo, la música y la lengua, son sistemas de signos que surgen de fenómenos naturales como la exaptación, la abstracción, la genética y el funcionamiento de las neuronas espejo. Asimismo, el signo lleva consigo una carga significativa nutrida por la interacción del individuo con el medio ambiente, otros organismos y la experiencia física y emocional surgida de dicho contacto, hecho que nos llevaría a encontrar “rastros orgánicos” en las manifestaciones sígnicas.
Con base en los conceptos antes citados y retomando elementos característicos de los signos propuestos por Peirce, Saussure y Sebeok, este trabajo propone conformar un signo fundamental. De la condensación de estos elementos nace el signo orgánico, el cual no es llamado así por su composición molecular, sino por el hecho de que nace en una estructura viva que presenta características orgánicas, lo que resulta ser la base biológica del signo. En este sentido, me anexo a la teoría del meme (Richard Dawkins, 1976), que refiere a la existencia de una unidad de información cultural transmitible y replicable mediante la copia o la imitación. Como corolario, cabe mencionar que el concepto de signo orgánico, contribuye a vincular de manera inherente al signo con su signante, a la lengua con el hablante, del individuo y el grupo con su cultura; de pronto es un signo de empoderamiento.
En consecuencia, partimos de la hipótesis de que: el signo es proceso y resultado de la actividad biológica; no se trata, únicamente, de una invención cultural desligada del organismo, sino de una extensión de éste. El gesto corporal o entonativo, la música y la lengua, son sistemas de signos que surgen de fenómenos naturales como la exaptación, la abstracción, la genética y el funcionamiento de las neuronas espejo. Asimismo, el signo lleva consigo una carga significativa nutrida por la interacción del individuo con el medio ambiente, otros organismos y la experiencia física y emocional surgida de dicho contacto, hecho que nos llevaría a encontrar “rastros orgánicos” en las manifestaciones sígnicas.
Con base en los conceptos antes citados y retomando elementos característicos de los signos propuestos por Peirce, Saussure y Sebeok, este trabajo propone conformar un signo fundamental. De la condensación de estos elementos nace el signo orgánico, el cual no es llamado así por su composición molecular, sino por el hecho de que nace en una estructura viva que presenta características orgánicas, lo que resulta ser la base biológica del signo. En este sentido, me anexo a la teoría del meme (Richard Dawkins, 1976), que refiere a la existencia de una unidad de información cultural transmitible y replicable mediante la copia o la imitación. Como corolario, cabe mencionar que el concepto de signo orgánico, contribuye a vincular de manera inherente al signo con su signante, a la lengua con el hablante, del individuo y el grupo con su cultura; de pronto es un signo de empoderamiento.